Si hay algo en lo que la opinión pública está de acuerdo, más allá de las posiciones que se tengan frente el gobierno nacional, es que es necesario que el país pase a una nueva etapa.Tanto quienes apoyan al actual modelo político económico como quienes lo desaprueban piden optimización o cambio. Quienes aprueban lo actuado quieren optimizar lo actual para que haya más y mejor gestión. Quienes se oponen, o a las políticas o al estilo, piden cambio de rumbo. Lo notable es que todos coinciden en que es necesario que la seguridad, la inflación, las características del trabajo y condiciones laborales den un cambio cualitativo, así como también que se den saltos de calidad en relación a la salud, educación, vivienda e infraestructura. Por eso ante las próximas elecciones presidenciales, que estarán signadas como toda elección por la contradicción entre continuidad y cambio, la opinión pública estará atenta a escuchar a quienes son los que entienden la necesidad de la nueva etapa y quienes no la entienden.

Los acontecimientos de violencia social de fin de año reafirman la necesidad de la nueva etapa. Problemas de seguridad, demanda de tierras y viviendas, opinión sobre condiciones laborales son sólo muestra de ello. La asignación universal por hijo significa un fenomenal esfuerzo del Estado para paliar situaciones de extrema pobreza, reinsertar a niños en la escuela y familias en la sociedad, pero no es la solución a la inserción social y laboral formal para millones de argentinos. Y eso lo saben fundamentalmente quienes reciben subsidios sociales.

No es esta una temática ajena a lo que se discute en el mundo. Teóricos e investigadores sobre el mundo del trabajo y sobre la inserción social, sobre todo de los jóvenes en el sistema formal de la economía, vienen alertando sobra las características expulsivas de la actual etapa del capitalismo, en su fase financiera. Por eso se dice que la actual etapa es la del auge, de la incertidumbre, en donde los viejos paradigmas de movilidad social ascendente se van perdiendo al calor de la desformalizacion de las relaciones laborales. Miles de jóvenes en nuestro país se encuentran en el límite entre el sistema informal y el sistema formal de la economía.Y otro tanto entre la marginalidad y el sistema informal. Los ni ni -quienes ni estudian ni trabajan-aproximadamente 700.000 mil y quienes se encuentran en el limite entre el sistema formal y el informal muchos más. Como dice el sociólogo francés Robert Castel podríamos tomar otro ejemplo, el de un joven que está buscando su primer empleo y que va de trabajito en trabajito. Que viven en la precariedad y que a veces llega a la delincuencia. La posibilidad de que el trabajo vuelva a ser el articulador básico de la sociedad es un desafío para los gobernantes actuales y futuros. Sin ello será muy difícil resolver los temas vinculados a la inseguridad y a la penetración de la droga, así como tener una sociedad integrada. El desafío es mayúsculo y nada simple. Un alerta de este tipo de situaciones lo encontramos en México donde la lucha entre los carteles de la droga en los últimos tres años han costado 30.000 muertos, y en donde 1.700.000 empleos devienen de la producción y comercialización de drogas. En este contexto, el dicho más común entre muchos jóvenes capturados por esta nueva realidad violenta es que es preferible una vida corta pero buena a una vida larga pero penosa.

Curiosamente son pocos los candidatos que hablan de estos temas y de cómo resolverlos. Parecen preferir los slogans fáciles a las soluciones profundas. En este sentido el gobierno parece llevar un poco de ventaja. Comenzó a ocuparse del tema de la seguridad y para ello creo un Ministerio. Comienza a hablar de un acuerdo social que vaya poniendo en caja la puja salariar intentando controlar el tema inflacionario. Habrá que ver como le va con estas iniciativas. Si acierta estará mas cerca que otros de ser quien encarne el cambio que todos piden, más allá de que aún no aborde los temas sustantivos de la etapa que viene, sino corre el riesgo de volver a la dinámica de montaña rusa en donde suben con sus aciertos y cae por sus errores. Pero aunque el gobierno caiga en niveles de popularidad, ello no parece suficiente para encumbrar a un remplazante. Para eso se necesita una alternativa de poder capaz de tomar la agenda pendiente y mostrar que sabe cual es y que se es capaz de encararla.