Un economista de fama afirmo que: La economía se ha erigido en la reina de las ciencias sociales escudada detrás del supuesto que los problemas políticos están resueltos (Abba Lerner 1972*). En la historia de la experiencia humana estos problemas no están resueltos de una manera tal que las recomendaciones de los economistas profesionales sean implementadas en forma sostenida.

Al desconocer esto, a menudo concluimos que las crisis económicas surgen porque los gobiernos no saben lo que tienen que hacer. Durante nuestro prolongado proceso de aletargado crecimiento con sucesivas y profundas crisis autogeneradas, todos los gobiernos (peronistas, militares, democráticos, semidemocráticos, dictatoriales, etc.) han recibido consejos de economistas e instituciones multilaterales de renombre pero esta no ha sido la economía que se implementó.

La economía que ha justificado las políticas que nos han llevado a la decadencia es economía de relleno es decir, economía racionalizada por pseudo economistas que queriendo o sin quererlo han servido a objetivos ajenos al desarrollo y el interés común.

La decadencia de muchos países incluido el nuestro, no debe atribuirse a la ignorancia de los gobiernos sino a sus objetivos. En su excelente historia (Why Nations Fail, 2012, Crown Publishers) Acemoglu y Robinson argumentan que la pobreza y la desigualdad de las naciones y de la economía mundial debe buscarse en la naturaleza de sus instituciones políticas que clasifican en extractivas e inclusivas. Las extractivas son aquellas que concentran el poder en las manos de una elite que enfrenta restricciones mínimas para ejercerlo. Este es el caso de las dictaduras pero características también se dan bajo regímenes democráticos cuando el gobierno enfrenta restricciones mínimas por parte del Congreso, y/o de una justicia independiente, para ejercerlo.

A diferencia de estos sistemas, los países con instituciones políticas inclusivas se han caracterizado por una administración del poder con límites constitucionales respetados. Bajo estos sistemas, los que administran el poder no pueden enriquecerse y/o modificar las reglas para mantenerse en el mismo.

Los gobiernos de elite, generan instituciones económicas extractivas como el fomento de los monopolios/oligopolios, elevadas barreras al comercio internacional, la adjudicación discrecional de subsidios fiscales, empresas nacionalizadas, etc. es decir, políticas que al sacar de unos bolsillos y ponerlos en otros a través de procesos no transparentes, concentran el poder político y económico.

Hace ya muchas décadas que en el contexto de la economía mundial, nuestro país entró en un cono de sombra. Hacia 1930 teníamos un ingreso per cápita equivalente al 85% del de Australia mientras que en la actualidad es menos del 50%. En estos términos, el costo de las políticas extractivas ha sido equivalente a u$s 12.000 por año y por persona monto que acumulado a lo largo de muchos años y distribuido de manera equitativa, hubiera hecho de Argentina un país prácticamente libre de pobreza Agro e Industria: del centenario al bicentenario, 2011, Ciudad Argentina y Yenny).

Los países ricos son ricos no porque tuvieron economistas sabios, o porque la naturaleza los doto bien, o porque sus valores religiosos los incentivaban a ser más productivos. Los países ricos son ricos fundamentalmente porque hace mas de 100 años su gente decidió instituir reglas y procesos transparentes que debían estar por encima de los hombres en el poder. En Argentina la única posibilidad de disminuir la extracción monopólica es votar mejor en la próxima elección y supongamos que esto ocurra. Surge entonces una pregunta fundamental: ¿en un país de agudos ciclos económicos como el nuestro, que Presidente elegiría iniciar un proceso de mayor respeto por la Constitución si esto al mismo tiempo debilitaría su capacidad para enfrentar posibles crisis?

Dada esta restricción, las posibilidades de movernos de una democracia hacia una democracia constitucional aparecen como mínimas que solo políticos osados y abnegados intentarían. Resumiendo, uno de los pilares del éxito económico con mayor igualdad pasa por poner las reglas y los procesos transparentes por encima de los hombres y no al revés como viene ocurriendo en la Argentina por décadas.

*Lerner, Abba (1972),

The Economics and Politics of Consumer Sovereignty,

American Economic Review