

Los que escuchamos desde hace años las declaraciones de los consultores económicos vernáculos, reconocemos que si hay alguien que expresa lo que en silencio sostiene la derecha económica es José Luís Espert. Estos famosos gurues de la city son previsibles en sus ideas: todos los males económicos son culpa de la invervención del Estado. Pero Espert dice lo que otros piensan y callan, ajuste y fundamentalismo de mercado.
En los noventa criticaba a Cavallo y a Menem por sus posiciones más pragmáticas y siempre porque se quedaban cortos con el achicamiento del Estado. Para él, el gasto estatal es algo así como el infierno y el sector público en su conjunto un exterminador serial de la eficiencia de la empresa privada. Así, su ideario sostiene que en Argentina: la presión tributaria es insoportable, los servicios estatales son y serán deficientes, la política social destruye la cultura del trabajo, los salarios son inflacionarios y la falta de cultura argentina es culpa del Estatuto del Docente.
Tanta difusión han tenido estas ideas durante los últimos 35 años, que estamos presenciando la extinción del Estado del Bienestar Europeo y el aumento de la exclusión social en ese continente a manos de la troika (FMI, UE, BCE). Estoy convencido que nuestros gurúes de la city anhelan un modelo donde una troika u organismo internacional le diga a la Presidenta lo que tiene que hacer, es decir, volver a perder la independencia económica, como le sucede hoy a la Europeriferia y nos ocurrió a nosotros hasta el 2002.
Pero regresemos a nuestro país y a nuestros cruzados económicos. Hasta el año pasado, políticos, economistas y medios opositores afirmaban que el país crecía sólo por viento de cola (demanda externa de nuestros productos) y ahora, con un 2012 de bajo crecimiento, sostienen sin ponerse colorados, que la crisis internacional no impacta para nada sobre nuestra economía y que todo depende de las malas políticas internas. O sea, niegan la existencia del viento en contra, para cargar una vez mas contra la dirección de la política económica, prefiriendo el ajuste que recobre la supuesta confianza y el clima de negocios, caballitos de batalla del neoliberalismo.
Una pregunta: ¿Qué pensaban que era la profundización del modelo? ¿Un slogan de campaña como el salariazo y la revolución productiva o que con la democracia se come, se educa y se cura? No señores, es un programa de gobierno, es recuperar la política y hacerla creíble, cumplir lo que se promete. Es la Ley de Tierras, la Ley del Peón Rural, la reforma de la Carta Orgánica del BCRA, una YPF con control estatal, la protección del trabajo argentino y de las reservas a través de la administración del comercio y el control de cambios, los planes de préstamos para viviendas (Procrear), para jubilados (Argenta) y direccionar a la banca privada para que atienda la demanda de crédito para la producción y las pymes.
Y es justo lo que no gusta, el Estado controlando y regulando la economía para sostener el mercado interno en momentos que los mercados externos están cerrados y con volúmenes de bienes que intentan vender en el país. Por el contrario, ¿cuál es la receta que Espert verbaliza y que sus colegas esconden: congelar los salarios, bajar la presión tributaria, llevar el dólar a $6, desregular absolutamente el mercado de cambios y no administrar el comercio (Fuente: Programa Con voz propia conducido por Gustavo Sylvestre). Es decir, desfinaciar al Estado, estimular una corrida contra el peso para dejar abierta la puerta a un golpe de mercado. O sea copiar el Españolazo de Rajoy y de la troika europea del ajuste perpétuo, la exclusión social de las mayorías y la represión de los trabajadores.
Lamentablemente para ellos, y por enésima vez, sus pronósticos de fin del modelo, serán equivocados. En efecto, el combo de políticas contracíclicas internas y un mundo que vuelva a comprarnos productos con valor agregado, reactivarán la industria que en los dos últimos meses se estancó.
Así, el mundo seguirá, el modelo también. Los gurúes seguirán metiendo miedo para poder vender sus informes económicos (¿quién se los compraría si dijeran que la Argentina se va a recuperar en unos meses? El viento en contra será más soportable, podremos retomar la mejora de la distribución del ingreso sobre las bases y fortalezas de la economía argentina y continuar recorriendo este arduo camino hacia el desarrollo con inclusión. A los economistas de ayer, hoy y siempre, les recomiendo un viaje a España, para que no extrañen.










