Este ¿modelo productivo¿ tuvo como pilar fundamental la competitividad del tipo de cambio (¿dólar caro¿). La evidencia empírica muestra que ha sido eficaz para proteger a buena parte de la industria sustituidora de importaciones, pero que ha fracasado rotundamente como mecanismo para fomentar la diversificación de nuestras exportaciones. El tipo de cambio depreciado no ha promovido las exportaciones industriales porque nuestro país se ha especializado en la venta de soja y sus derivados. El complejo sojero, que es el gran proveedor de dólares de la economía argentina, representa más de un cuarto del total de las ventas externas.
A fin de año, el tipo de cambio real contra la moneda norteamericana sería sólo un 5% superior que el que teníamos a la salida de la Convertibilidad. Sin embargo, la fuerte apreciación cambiaria no impactaría aun sobre el nivel de actividad de la industria y el PBI, que crecería un 6% en 2011.
El contexto internacional, que sigue jugando a favor, es fundamental para explicar el crecimiento de los últimos años. Concretamente, para Argentina el escenario internacional puede resumirse en dos palabras; soja y Brasil.
Un buen precio de soja significa una importante entrada de dólares hacia la economía local, estimulando el consumo, la inversión y el crecimiento. Paralelamente, Brasil expandiéndose vigorosamente, genera una fuerte demanda de exportaciones argentinas y da lugar a una menor probabilidad de avalancha de importaciones (la producción brasilera se consume en su mercado interno), creando una protección automática para nuestro sector industrial menos competitivo.
Argentina se encuentra prácticamente desconectada del mundo financiero. El contexto financiero internacional no impacta directamente sobre el país, sino sólo a través de Brasil que, a diferencia nuestra, está plenamente interconectado con los mercados globales. Si EEUU comenzara a endurecer su política monetaria, la liquidez internacional mermaría, los rendimientos y el costo de capital subirían y el ingreso de ahorro externo a Brasil se reduciría. En este escenario, Brasil probablemente corregiría su déficit de cuenta corriente devaluando el Real, y esto traería -como en el 2009- consecuencias negativas sobre el nivel de actividad doméstico. En definitiva, la política cambiaria de Brasil sería el canal de transmisión a través del cual el escenario financiero mundial impactaría en nuestra macroeconomía.
En este marco, es importante analizar que probabilidad existe de que el ¿viento a favor¿ comience a soplar con menos fuerza. Por el lado de la soja, hay tres variables que inciden en su precio: el clima, la relación entre la oferta y la demanda y la política monetaria de EEUU. Según estimaciones del Departamento de Agricultura de EEUU, los factores climatológicos no jugarían en contra en 2011. Paralelamente, la demanda continuaría creciendo más que la oferta, contribuyendo para que el piso de la soja sea elevado durante este año. En este marco, la política monetaria de EEUU y el dólar son las variables claves, no sólo para determinar el precio de la soja, sino también el tipo de cambio del Real y el nivel de actividad en Brasil.
La política de la Reserva Federal no ha logrado todos los resultados deseados sobre el consumo, el crédito y el volumen del mercado de capitales y bancario. De esta manera, lo más probable es que se mantenga la política monetaria expansiva durante un buen tiempo. Por consiguiente, el precio de la soja, el tipo de cambio contra el Real y el nivel de actividad en Brasil, seguirían jugando a favor de Argentina en el corto y mediano plazo.
No obstante, es difícil que el mundo pueda jugar más a favor que hoy en día. Por el contrario, sería esperable que, en algún momento, el dólar comenzara a fortalecerse, la soja dejara de subir indefinidamente y, tanto el Real como el crecimiento de Brasil se debilitaran.
En este sentido, habría que aprovechar esta inmejorable coyuntura para ocuparse de contener la inflación, que es la mejor manera de evitar la sensación de atraso cambiario (¿dólar barato¿), que se refleja en estos días en la suba del tipo de cambio paralelo.