Responsabilidad de la empresas en la gestión de residuos

En el cambiante mundo de los negocios se puede advertir un nuevo paradigma que aporta una mirada positiva y renovadora. La Responsabilidad Social Empresaria tiene un creciente protagonismo en las agendas de las empresas, esta visión integradora desde el mundo corporativo se traduce en el compromiso de lograr mejorar la calidad de vida de la comunidad en general, contribuyendo al desarrollo sostenible, su fin no es otro que la búsqueda del equilibrio entre el crecimiento económico, el bienestar social y el correcto aprovechamiento de los recursos naturales y el ambiente. Esta es la clave en las agendas a largo plazo de quienes pretenden liderar la producción y el desarrollo.
Esta visión de negocios implica un compromiso diario para lograr una eficaz calidad de vida dentro de nuestra comunidad y proteger nuestro hábitat. Por eso, la empresa debe contribuir al desarrollo sostenible con la integración de los sectores privado y público. Este camino que hemos emprendido en los últimos años es un indicador de madurez, dejando atrás el espíritu de crecer y desarrollarse a cualquier precio.
Hoy en día las empresas llevan adelante programas educativos y culturales con el fin de concientizar a la población sobre el uso racional de los recursos o el cuidado del medio ambiente.
Sin embargo, hay una acción de Responsabilidad Social aún no abordada e ineludible que tiene un impacto directo sobre tanto recursos como el ambiente: la Gestión de los Residuos. Debemos dejar de encasillar esta gestión como meramente ambiental o incluso de mantenimiento y limpieza, ello por las profundas implicancias directas que tiene en nuestra sociedad, y abordar su solución.
Analicemos entonces los resultados positivos de un correcto Plan de manejo de residuos que incluya la separación de origen:
n Ahorro de mano de obra marginal.
n Mayor eficiencia, ya que la separación de los desechos en origen previene que los residuos secos se contaminen con los húmedos.
n Mejor calidad de materiales que pueden ser reincorporados al proceso productivo con menor costo de acondicionamiento y uso de recursos.
n Ahorro en el transporte. En lugar de trasladar los residuos sin discriminar, son depositados correctamente precalificándolos al momento de desecharlos en un contenedor.
n Reduce el impacto ambiental.
Pero además de estos aspectos de orden económico, debemos considerar el aspecto social, porque la tarea de separar residuos expone a adultos y muchas veces a niños, a condiciones de higiene y seguridad inconcebibles con los riesgos para la salud que ello implica. En consecuencia no solamente se trata de responsabilidad, sino también de solidaridad.
Cuando se deja de lado esta visión sistémica de la sustentabilidad, los impactos de la contaminación sobre la salud humana, el ambiente y las economías locales cobran enormes dimensiones. No solo porque son difíciles de calcular, sino por el arduo trabajo que implica detectar a los reales responsables y que, en definitiva, estos se hagan cargo de los daños que implica su práctica deshonesta. Lamentablemente, son los contribuyentes quienes terminan pagando los costos a través de los impuestos.
Ante este panorama, no podemos mirar hacia otro lado. Estamos ante la oportunidad de ser conscientes que cada una de las acciones que emprendemos, cada uno desde su lugar, deje su huella en el ambiente, en la sociedad y en el hogar. Este equilibrio es vital para satisfacer las necesidades del presente sin descuidar las oportunidades de las generaciones futuras. Y ese es nuestro desafío y compromiso a asumir.
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