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Por qué nos gusta trabajar en el Estado

El Presidente Macri volvió a señalar en el Coloquio de Idea que "la estrella polar del país debe ser la productividad". Sabemos que la productividad es generar mayor valor con iguales o menores recursos. También que ese mayor valor es en muchos casos una consecuencia de la creatividad y de la innovación. La innovación, por su parte, en los tiempos actuales nace predominantemente en la actividad emprendedora. Los nuevos emprendimientos son mayoritariamente iniciativas privadas. Entonces, para contar con más y mejores emprendedores debemos hacer que las personas más creativas se vuelquen a esas actividades. Dicho de otra forma, conseguir que sea más atractivo y estimulante crear una empresa propia que, por caso, ubicarse en un buen puesto de una gran empresa o del estado. Pero muchos jóvenes no ven hoy que ese sea el mejor camino para obtener bienestar y progreso económico. Veamos algunos ejemplos. Un joven contador se ilusiona con ingresar a la AFIP antes que trabajar en un estudio o atender exclusivamente a sus propios clientes. Antiguamente la AFIP resultaba atractiva por sus beneficios laborales pero no por sus sueldos. Hoy también atrae por una retribución que supera a la que reciben la mayoría de los profesionales del ramo. Los nuevos abogados pugnan por ingresar al poder judicial y hacer allí su carrera. Esto es más seguro, no tiene retención de ganancias y actualmente está mejor remunerado que trajinar tribunales todos los días para defender a clientes que no siempre pagan los honorarios. Además, al final de la vida laboral, en el poder judicial les espera una atractiva jubilación de privilegio. Hace dos años hicimos una encuesta entre jóvenes de entre 20 y 30 años residentes de Tierra del Fuego para que ordenasen los lugares o actividades que les resultaba más atractivas para trabajar. Tierra del Fuego es una provincia con importantes incentivos a la actividad privada. El orden de preferencias que predominó en las respuestas fue: Primero el estado, luego las petroleras, después las ensambladoras (como la propia gente del lugar llama a la industria electrónica y de electrodomésticos) y en cuarto lugar el turismo. Una encuesta reciente de la consultora sueca Universum lo confirma. Pero no solamente los jóvenes ven atractivo el trabajo en el sector público. También otros profesionales con larga trayectoria se esfuerzan por acceder a esos puestos. Un ejemplo de ello lo dan buena parte de los economistas más conocidos de nuestro país. Hace un par de años muchos dejaron de lado la ‘independencia’ política para sumarse a los distintos candidatos que participarían en las elecciones. Después de las elecciones, no dudaron en dejar sus consultoras para ocupar cargos de gobierno o en bancos estatales. En definitiva, y contrariamente a lo que se cree, las propias estadísticas oficiales muestran que en el último año el empleo público aumentó en lugar de disminuir. ¿Qué tiene el trabajo en el estado que nos deslumbra? ¿Mejores sueldos? ¿Mayores beneficios? ¿Más prestigio? ¿Menos exigencias? ¿Más seguridad laboral? Un dato contundente es su impresionante crecimiento: El sector público, en sus tres niveles, pasó de consumir vía impuestos un 17% del PBI en 2002 al 37% actual. Prácticamente se duplicó desde la gran crisis. Evi dentemente la productividad será la estrella polar de la Argentina cuando orientemos hacia ella nuestros talentos y nuestros recursos.

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