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Naciones Unidas enfrenta el cambio climático

Avanzan en Marrakech las deliberaciones de 198 países, convocados por Naciones Unidas para enfrentar el cambio climático. El consenso científico en esta cuestión es hoy bien claro: las emisiones de CO2 causadas por la utilización de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), más la deforestación y algunas prácticas agropecuarias, contribuyen al sostenido y peligroso aumento de la temperatura global.
Ya hemos sido advertidos que este año es el más caluroso desde que se llevan registros de la temperatura, con un aumento de casi un grado sobre el promedio del siglo XX.
La anterior reunión de Naciones Unidas, realizada en París en diciembre del año pasado, fijo como meta no traspasar la barrera de un incremento de la temperatura superior a los 2 grados C.
Esto exigirá reducir las emisiones contaminantes de los combustibles fósiles a un ritmo acelerado en los próximos años.
Es cierto que aún no ha concluido la era de estos combustibles fósiles, pero ya hemos comenzado a transitar hacia el fin de esta era, nacida con la Revolución Industrial a fines del siglo XVIII. Los cambios tecnológicos están abaratando las diversas formas de energías limpias, desplazando así de una manera gradual a las tradicionales energías fósiles. El interrogante es saber si este tránsito hacia un nuevo modelo energético se está haciendo a la velocidad requerida por la preservación climática de nuestra Tierra.
Más allá de los discursos y las buenas intenciones evidenciadas en la última cumbre climática de Naciones Unidas a fines del año pasado en París, las emisiones de CO2 por la utilización de energías fósiles no solo están contribuyendo cada vez más al calentamiento del planeta, sino que la tendencia es que además sigan aumentando la contaminación en el futuro, ya que el desarrollo de las energías limpias aun no parece ser lo suficientemente vigoroso como para reducir de una manera efectiva la utilización de fósiles.
Es preocupante constatar que el Departamento de Energía de los Estados Unidos presento este año sus proyecciones mundiales hacia el año 2040, que fueron elaboradas meses después de la Reunión de Naciones Unidas en París. Las estimaciones de esta agencia oficial de los Estados Unidos sobre el consumo mundial de energía son preocupantes, ya que nos alertan diciendo que hacia el 2040 las emisiones de gases invernadero por la utilización de fósiles no disminuirá, sino todo lo contrario ya que se estima que en el 2040 estaremos mandando a la atmósfera un 34% más que ahora de estos gases contaminantes.
Recordemos que, para cumplir el objetivo de evitar que la temperatura del planeta suba más de 2 C´ deberíamos estar emitiendo en el 2040 un 33% menos que hoy. Este pronóstico del gobierno de los Estados Unidos nos está ahora diciendo no solo que no emitiríamos menos en el futuro, sino todo lo contrario ya que estaríamos emitiendo nada menos que el doble de lo tolerable por el clima.
Esto es grave ya que así se agravarían de una manera irreversible los daños del cambio climático que ya están a la vista, tanto en los mares como en los continentes.
Es importante tener en cuenta que nunca hubo tantas reservas mundiales de fósiles como hoy, baste decir que las reservas petroleras en 1980 cubrían 30 años de consumo, mientras que la actualidad, a pesar que el consumo de petróleo aumentó, cubren nada menos que 53 años. La utilización plena de estas reservas fósiles, ya contabilizadas en los balances empresarios, no es compatible con la meta de no cruzar la barrera del aumento de 2 grados, fijada en la reunión de París de las Naciones Unidas.
Esto lo ha expresado con claridad British Petroleum, cuando informa que "si las reservas existentes de fósiles fueran utilizadas totalmente en los próximos años se emitirían más de 2,8 trillones de toneladas de CO2, bien por encima del límite de un trillón consistente con la meta de no superar el límite de 2C´ de aumento de temperatura global".
La magnitud de estas reservas plantea un evidente conflicto de intereses financieros, ya que reducir estas emisiones para preservar el clima exigiría no utilizar la mayor parte de las reservas de fósiles hoy existentes, asumiendo así un quebranto financiero para los propietarios de estas reservas equivalente a nada menos que dos tercios del PBI mundial. Pretender preservar las rentas de estas reservas fósiles es incompatible con la reducción de las emisiones contaminantes. Claro que una cosa era esta estratégico cuestión con el presidente Barack Obama y otra será con el electo presidente Donald Trump, quien afirma que "el cambio climático es un invento de los chinos para perjudicar a Estados Unidos".

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