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Metas de inflación y paritarias

por  EDUARDO LUIS CURIA

Economista
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En algunos medios gremiales circula la hipótesis de la reapertura global de paritarias (aun las con ajuste anual). A la par, la CGT convoca -con un método habitual, aun no se fijó fecha- a un paro general.

El dato interesa para el análisis, al asomar en un momento especial. Sin duda, la política económica oficial, mezclando la necesidad de ajustes fuertes con varios serios fallos instrumentales, pérdida de trabajos, etc., suscitó masivamente poco entusiasmo y bastante rechazo.

Pero, a la vez, se entra en un tramo en el que el gobierno podría blandir ciertos logros, como el declive del ritmo de inflación (más allá del tema tarifario) y la posibilidad de hallar piso en la caída económica, atisbando, incluso, algunos ‘brotes verdes’. Todo esto, captable a la luz del ciclo económico político ligado al crucial comicio del 2017, y a la gestión, con sus matices, del esbozado régimen de metas de inflación -RMI- como formato macro general.

En la primera parte del año, en promedio, la suba de precios aventajó por varios puntos la marcha de los salarios nominales formales, algo que puede atenuarse sumando los meses posteriores, por de pronto, dados los nuevos hitos de ajustes ya previstos en las paritarias. Igual, y aun cuando la inflación punta a punta del 2016 quede por debajo del 40%, la brecha (a su favor) entre aquella suba y la media salarial, podría persistir en cierta medida.
¿Cómo jugaría un alza perentorio de salarios desde la óptica del RMI?. Desde ya, Macri descartó la reapertura de paritarias. La pregunta es cómo, en el contexto, el gremialismo procesará esto y cuál será su respuesta, pudiendo surgir nuevas dosis de incertidumbre en el escenario.

En rigor, el gobierno tiene una hipótesis de mejora del salario real. Sí, su fórmula difiere del planteo de reparación inmediata circulante en determinados medios sindicales. El gobierno destaca la mejora real que supone, aun con una pauta de suba salarial dada, el declive de la inflación, puesto que esto (más los hitos de ajuste en las paritarias escalonadas) depara una menor desintegración mensual del salario (o algo más).

Además, de consolidarse la baja de la inflación en 2017 -incluido un ancla cambiaria relativa tácita-, caben paritarias con algún punto por arriba de la inflación referencial, de modo que tallaría cierta recuperación respecto de la pérdida de 2016. Por otro lado, para la óptica oficial, el buscar recuperar de modo más urgido la brecha citada -presionando un costo ponderable- podría perturbar la tendencia a la baja de la inflación, cayendo así en un típico juego del perro que persigue la liebre.

De paso, ¿cuál puede ser la postura del RMI ante la cuestión salarial en general? Algo muy debatido en teoría y en lo empírico. Llegándose, incluso, a proponer a la conducta salarial como objetivo de referencia para la política monetaria.

También revolotea en nuestro caso, la posibilidad de añadir al RMI una política de ingresos, cosa que vimos en otra nota. Fue pobre lo hecho hasta ahora en la materia (a caballo de una meta de inflación original no creíble), pero Prat-Gay reitera ahora la necesidad de un pacto social para manejarse mejor en inflación y en actividad.
Claro que el RMI tiene a la tasa de interés nominal de corto como el instrumento de control esencial, y la política de ingresos, en principio, luce como un injerto. Aunque hay bancos centrales (gr., el Deutsche Bundesbank) que orientan oficiosamente al respecto.

Por fin, sin una política de ingresos seriamente encuadrante -¿sin pacto?-, y si las paritarias dieran resultados reputados tensionantes de las metas referenciales, el Banco Central enfrentaría el brete de tener que alzar sus tasas ante el empuje costista en danza, conociendo las limitantes antinflacionarias del resorte y los riesgos en la actividad. No hay divina coincidencia. Sumando una factible presión apreciativa adicional sobre el tipo de cambio (con el reverso de un recuperado costo laboral en dólares).

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