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Macri, chivo emisario

Macri, chivo 
emisario

Que los hay, los hay. Los macristas ven fantasmas ‘golpistas’ (civiles) ocultos en distintos rincones de la vida económica y política. Según ellos se está preparado una ofensiva activa y comunicacional destinada a destruir, gastar, o esmerilar institucionalmente al Gobierno. Mauricio Macri sería el chivo emisario definitivo de gran parte de los males de la Argentina.

Esta impresión corre por cuenta del oficialismo. Por un lado tratan de tapar las culpas de los errores cometidos. Son varios y no fáciles de tapar. Tarifazos sin medir las consecuencias, errores de gestión, creencia de que malabaristas del sector privado podían brillar con ideas propias en el Estado y tratar de ordenar un país que brilla por su anarquía y sus egoísmos regionales o provinciales. Y, últimamente, negocios de Macri padre aclarados a media con el Estado tras una andanada de supuesta connivencia de algunos funcionarios con nuevos emprendimientos empresariales. Basta consultar con la Oficina Anticorrupción de Laura Alonso para encontrarse con una larga lista que huele a sospechas.

Digamos que, cuando asumió, Macri no creía que algo podría mancharlo.

Ideó un sistema de gestión de gobierno cerrado, donde un pequeño grupo de gente de confianza tenía que controlar al resto del manejo del Estado.

Pero al mismo tiempo multiplicó la cantidad de Ministerios, secretarías y Subsecretarías, amplió el Estado, que era muy obsoleto en el gobierno anterior .

Toda una contradicción que costó molestias y agobios. Fue el caso de Alfonso Prat-Gay y castigó duramente a Carlos Melconian, ex titular del Banco Nación, porque opinaba y criticaba más de la cuenta. Macri creó, entonces, un grupo compacto y supuestamente imbatible, pero sin embargo faltan más chequeos de los que se hacen. De lo contrario no habría surgido el asunto del Correo y la figura de Franco Macri, un empresario a la vieja usanza, que carga con la imagen de haberse aprovechado de los negocios públicos.

Entre los fantasmas que ven los macristas figuran, sin duda, ciertos sectores del peronismo mudos frente a una necesaria autocrítica de quince años de populismo en base a derroches y corrupción. Es así: cierto peronismo calló, hizo como si nada hubiera pasado, como si el legado que le dejaban a Macri fueran un lecho de rosas. Y cuando la justicia se animó a revisar las cuentas falsas de los gobiernos cristinistas lo atribuyeron a una persecución infame, falsa. El hecho es que ese peronismo está muy dividido, está incapacitado de actuar para dar un mazazo con una sola mano. El Partido Peronista, como tal, está caminando sin rumbo, siempre dependiendo de las sonrisas o broncas de los gobernadores que arreglan problemas económicos o no lo hacen con el gobierno central.

El Kirchnerismo, a medida que avanzan las evidencias de alta corrupción que practicaban. están envalentonados. Intendentes Movilizados por Fernando Espinoza, titular del PJ bonaerense, después de haber fracasado días antes un congreso convocado en Santa Teresita se reunieron en San Vicente para aplaudir la figura de Cristina Fernández de Kirchner. Estuvo presente Máximo Kirchner y algunos de La Cámpora. Estaban felices con una encuesta que daba ganadora como parlamentaria en las próximas elecciones a la ex presidenta. Pero todo terminó a los tironeos. Varios intendentes del Grupo Esmeralda se desmarcaron. Y Martín Insaurralde, a cargo de Lomas de Zamora, a quien se conoce por sus idas y vueltas y ausencia de ancla declaró: "Poner a Cristina Kirchner en el rol de candidata sólo les sirve a los medios y al Gobierno."

El 7 de marzo se viene la Marcha de la CGT, que según los abogados del sector privado es una medida ilegal. Tras aclarar que "hace cuatro meses la Argentina está todos los días un poco mejor", el presidente Macri cuestionó la movilización, le parece cuestionable que le señalen algunos errores y aseguró que la gente lo va a apoyar en las elecciones a congresales en octubre.

Esgrimió otro elemento más para cuestionar la marcha: habrá un aprovechamiento político, por parte de kircheristas de la queja sindical. Es muy raro que esto ocurra, pero nadie sabe. Dos de los Triunviros que manejan la CGT, Héctor Daer y Juan Carlos Schmid explicaron que se trata de una protesta genuina: "Si nosotros no podemos manifestarnos -declaró Daer- no podemos peticionar, banalizamos la democracia".

La CGT no salió a la calle desde que Macri es presidente. Siempre se vio a sus líderes dialogando mano a mano con los funcionarios. Ocurre que no se les contestó a algunas de sus demandas. Los únicos que taponan el centro de la ciudad y vuelven infernal a la ciudad -sin la menor respuesta del Estado-son movimientos que piden mayores subsidios, obreros de fábricas cerradas, grupos caprichosos. Pero la CGT no alentó ganar la calle hasta ahora, por cualquier cuestión. Sí lo hicieron en junio del año pasado y concurrieron 300.000 personas.

Macri es el chivo emisario del momento. Está siendo golpeado desde distintos frentes y no le sobran las arcas del Tesoro para contentar a todos. Su socio, el radicalismo, en Cambiemos, ha optado por darle las manos que necesite.Es posible que recién ahora comience a mostrar su habilidad política para sobrevivir con honor y llegar a la meta. Lo dicen -entendidos y no entendidos-que las elecciones de octubre son decisivas. Si realmente lo son tendrá que tirar la máscara de chivo emisario al basural. Para mostrar su verdadero rostro, el rumbo político al cual se abrazará en el futuro.

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