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Los incentivos fiscales, una estrategia para promover el ahorro

Los incentivos fiscales, una estrategia para promover el ahorro

Mi padre era hijo de inmigrantes europeos que viajaron a la Argentina huyendo de la hambruna. Aquí se pusieron a trabajar día a día por una moneda y la acumulación de tantas monedas pudo dar lugar a trabajos mejores y a convertirse en empresarios PyMes. Esta historia es común a muchos. Y contribuyó a sembrar una generación de argentinos que aprendieron de nuestros abuelos que la frase "El ahorro es la base de la fortuna", era posible.
Ese ahorro que tanto nos inculcaron, significa aplazar consumo presente, por consumo futuro. Hay un verbo, muy poco usado por cierto, que define esta actitud: procrastinar. Es casi un trabalenguas. Pero no significa más que diferir alguna de nuestras decisiones. ¿Quién no tuvo una urgencia que implicó utilizar esos fondos que había separado o bien hasta endeudarse? Muchos ejemplos vinculados con el placer (viajes, espectáculos, ocasiones especiales, etc.), otros con oportunidades de crecimiento (vehículo, vivienda, negocio, etc.). Y eso volvía a fojas cero los proyectos de contar con un ahorro futuro.
Un actor que puede contribuir mucho a que este ahorro sea más fácil de lograr es el Estado Nacional. En los países en donde el ahorro personal se escribe con mayúsculas, el Estado beneficia a la población a través de incentivos impositivos. En nuestro país, en el caso de los seguros, dichos incentivos son muy poco atractivos o nulos. Quedaron congelados a valores de 1992. No mueren, porque hay personas y organizaciones que no dejamos que esto suceda. Hoy se permiten deducir del impuesto a las ganancias $ 996 por año en los seguros de vida y $ 630 por año en los seguros de retiro que las empresas pagan en nombre de cada empleado (Si. $ 83 y $ 52 mensuales respectivamente). Y los aportes individuales a los seguros de retiro no tienen deducción alguna desde su equivocada eliminación en el año 2008 (hasta ese momento eran $ 1261 anuales - Otro sí: $ 105 mensuales nada más).
El Estado Nacional, debe motivar a los trabajadores y a sus empresas a acceder a seguros de vida y retiro porque tienen un fin social: La posibilidad de cumplir los sueños y proyectos de las familias en caso de que el sostén del grupo familiar fallezca o se invalide, o la de concretar nuestros propios sueños y proyectos en caso que, tal lo esperado, lleguemos a transitar nuestra etapa de jubilados.
Este incentivo fiscal apunta a mejorar la calidad de vida de las familias argentinas y a generar un importante mercado de capitales, con los fondos que las compañías de seguros administran y separan para garantizar el cumplimiento de las obligaciones futuras del contrato. Es decir, el pago de los beneficios contratados ya sean de fallecimiento, invalidez y/o supervivencia forman parte de los activos que invierten las compañías en empresas locales y en títulos nacionales, provinciales y municipales que los distintos gobiernos utilizan para financiar sus obras de desarrollo, generando de esta manera trabajo y crecimiento para todos.
Y para que este incentivo no sea desvirtuado, cuando lo instauró hace muchos años atrás, eligió sólo disminuir el impacto impositivo en los seguros que cubren la vida de las personas y optó por un esquema de ‘diferimiento‘ para los seguros de retiro (ahorro puro).
Esto es, si yo contrato un seguro de vida por $ 83 mensuales, mi verdadero costo surge de restarle el menor valor de impuesto a las ganancias que pago.
Pero en el caso del seguro de retiro, si bien el cálculo es el mismo, al ser un incentivo de ‘diferimiento’, al momento de recibir los beneficios del plan (rescate o rentas mensuales) ese ingreso debe declararse y tributar impuesto a las ganancias por la posición fiscal que se tenga al momento de ser percibido.
De esta manera, el Estado contribuye al desarrollo de una importante herramienta de previsión, sin ningún tipo de prebenda más que la que supone postergar el cobro hoy del impuesto, hasta que se perciban los beneficios del retiro.
La otra pregunta es: ¿Por qué habría de participar en este tipo de productos si el incentivo fiscal fuera atractivo? Porque quiero proteger a mis seres queridos, con los seguros de vida y porque quiero protegerme de un futuro quizás con más restricción económica a la hora de mi jubilación, con los seguros de retiro.
Y el incentivo fiscal es el antídoto ideal para nuestra procrastinación. Porque acalla la excusa del costo con la participación del Estado en éste. Nos deja solos frente al dilema de proteger a nuestros seres que ridos y a nosotros mismos o ir a cenar afuera un par de veces por mes. Una próxima adecuación de los beneficios nos hará decir: Procrastinar ya no es más la tarea.

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