Los británicos giran, aún más, a la derecha

Las elecciones municipales suelen expresar algo mejor que las nacionales lo que piensan los votantes. Porque en ellas pocas veces existe la opción del llamado: mal menor. Por esto, sus resultados por lo general sugieren un poco mejor lo que, en un momento determinado, piensa un pueblo. Aunque la concurrencia de los votantes sea menor.
Las recientes elecciones municipales británicas han generado una sorpresa. Porque el Partido Independiente de Gran Bretaña (UKIP), agrupación de protesta, de orientación de centro-derecha (en rigor, ubicada bien a la derecha de los propios conservadores), que hasta no hace mucho aglutinara a apenas un puñado de votantes, de pronto ha pegado un salto cuantitativo importante. Que no puede pasar desapercibido, porque una de sus propuestas centrales es nada menos que la de salir de la Unión Europea. Además, el partido mencionado postula recortar el extendido sistema británico de seguridad social y cerrar todo lo posible la válvula de la inmigración, por lo menos por los próximos cinco años.
Lo que ha ocurrido podría, quizás, ser un cambio estructural en el mundo de la política de alguna manera similar al que, en 1920, supusiera la aparición en escena del partido laborista.
De ser objeto constante de burlas y frases despectivas, el partido UKIP ahora tiene casi la cuarta parte de los votos británicos totales. Si después de las elecciones municipales en las que votó el 31% de los habilitados para hacerlo hoy se compara su fuerza electoral con la de los demás partidos, el UKIP está ubicado en el tercer lugar. Detrás del laborismo (que es la primera minoría británica, con el 29% de los votos); apenas detrás de los conservadores (con el 25% de los votos); y adelante claramente de los liberales (de centro-izquierda) que sólo lograron obtener el 14% de los votos.
Lo sucedido podría sugerir el comienzo de una nueva era en la política británica, atento a que las ideas de derecha suman ahora casi un 50% de los votos totales y si a ese guarismo agregamos los votos de la centro-izquierda moderada (los de los liberales, hoy aliados en la coalición de gobierno, con los conservadores) ese porcentaje aumenta, hasta alcanzar un 64% del total. Pese a que los denominadores comunes son difusos.
Los laboristas aparecen, en cambio, con un 29%. Lo que evidencia la gran novedad en el escenario político británico, que supone que no hay ya ningún partido que, individualmente, obtenga el 30% de los votos totales.
No obstante lo antedicho, lo cierto es que, en general, las elecciones municipales británicas pocas veces reflejan lo que, luego de ellas, sucede en las elecciones nacionales, donde las lealtades hacia los partidos mayoritarios suelen mantenerse relativamente más cerca de las opciones tradicionales.
Ocurre que, de pronto, el UKIP, que fuera fundado hace ya dos décadas, en 1993 y que ha estado fundamentalmente representado en el Parlamento Europeo, parece haber ganado esta vez algo de credibilidad y, por ende, gozar ahora de una cuota de mayor respetabilidad política, de la que hasta ahora ciertamente carecía.
Habrá que ver, sin embargo, si en el escenario británico nacional esto se mantiene. Lo que no está garantizado por la historia reciente. Pero el mundo ha cambiado y la Vieja Europa está sumida en una profunda crisis.
Los triunfos del UKIP, cabe agregar, se concentraron fundamentalmente en los distritos tradicionalmente conservadores, como: Kent, Cambridgeshire, Norfolk o Essex. Esto no debería sorprender demasiado, desde que tradicionalmente los conservadores son fuertes en Inglaterra, mientras que el laborismo lo es en Gales y, sobretodo, en Escocia.
No obstante, lo acontecido evidencia nuevamente la conocida vulnerabilidad del liderazgo del Primer Ministro actual: David Cameron. Sin que ello suponga necesariamente una amenaza para su liderazgo dentro de su propio partido.
En síntesis, un giro político británico hacia la derecha, aunque no demasiado inesperado, cuyas consecuencias, al menos en el corto plazo, no son fáciles de anticipar. Salvo que los conservadores ya no tienen el monopolio de los votos del centro del espectro político.