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La productividad, el ausentismo, las inversiones y el discurso oficial

Gobierno nacional y empresarios, públicamente, vienen reclamando a los trabajadores aumentar la productividad; sin embargo todos sabemos que ello no depende de los trabajadores, sino de lo que en forma efectiva haga cada empresa por aumentarla y de las medidas públicas del Estado. Tras el pedido de aumento de productividad se escondería una reforma en procura de flexibilidad laboral. Otro tanto se buscaría con la absurda denuncia del ausentismo laboral.
Múltiples investigaciones confirman que la desregulación del mercado laboral propiciada, incluyendo la reducción de los salarios, no tiene impacto en el aumento de la productividad equívocamente invocada; aunque sí lo tendría sobre ganancias.
Es suficiente para marcar el error recordar que en el Outlook Economic World del F.M.I., de abril del 2015 señaló que la productividad aumenta con mas inversión, investigación y desarrollo de la empresa y del estado.
La OIT en 2014 demostró que la estrategia reduccionista ‘de destruir para crear’ no resiste al examen en favor de un trabajo decente ya que no es justa una política de propiciar desempleo para sustituirlo por trabajo precario de mala calidad.
Las regulaciones laborales protectoras, -denunciadas por ser extremadamente rígidas-, no son creadoras de desempleo, como algunos sostienen; se ha demostrado, -verbigracia-, que la negociación colectiva de centralidad media, preferida por los sindicatos, favorece la estabilidad laboral; y que, en cambio, las tendencias de descentralización, auspiciada por empresas, es perjudicial a los trabajadores y a la ‘buena productividad.’
Es oportuno señalar que en países de capitalismo avanzado, la productividad desciende no ha causa de la fuerza laboral ni tampoco, obviamente por el ausentismo, denuncia absurda que oscila entre la ingenuidad, la ignorancia y la perversión. El ausentismo, de existir, es un problema de cada empresa, que evidencia una disfuncionalidad en las relaciones laborales
El Vicepresidente de la Reserva federal de EE.UU., Stanley Fischer, señaló, hace dos semanas, que si bien en su país habría prácticamente pleno empleo, ello se ha producido sin registrar crecimiento de la economía por desacelerizacion de la productividad que registra la peor evolución desde 1979. La baja productividad estaría causada por la caída de la inversión, por la reducida y lenta aplicación de algunas nuevas tecnologías y por el fracaso de otras innovaciones. Habría, pues, mas empleo pero poco productivo con bajos salarios y trabajadores pobres.
Los inversores financieros, por naturaleza desconfiados, en la actualidad lo son mas por temor al creciente nacionalismo, a la inmigración no querida y al ‘terrorismo importado’. Saben, además, que -crisis financiera, alta deuda y la caída de inversión en tecnología, mediante-, orientan a una baja continua de la productividad, señalada con autoridad indiscutida por el Nobel Roberto Schiller y respetado especialista Robert Gordon.
Por ello, no sorprende advertir que el inversor, en sus diferentes versiones, con única finalidad especulativa, esté exigiendo, aquí, desmesuradas seguridades y altas rentabilidades. Se lo están pidiendo al Gobierno y a las filiales de la globalidad empresarial; reclaman, además, productividad, sin inversiones en innovaciones y reformas laborales. La realidad es que las invocaciones de productividad y reformas con flexibilidad, son meras excusas para reducir el precio de la fuerza laboral local y asegurar mayores ganancias. El presidente verificará reclamos similares, en ocasión de su viaje a China.
Los futuros inversores se lo comunican al Gobierno; los empresarios locales se lo dicen a la sociedad y todos juntos presionan, ‘a la baja’, a los sindicatos.
Es obvio que las reformas pedidas no aumentarán la productividad, aunque, reduciendo el valor del trabajo posibilitaran, mayores ganancias al capital.
¡No compremos el buzón de la productividad! Incluso el FMI y la Reserva Federal americana ¡nos lo advierten con argumentos y razones para no hacerlo!

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