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La paradoja de Jevons y el gas natural en el siglo XXI

La t

asa de intensidad energética mide la relación entre la unidad de consumo de energía y la unidad de producto económico generado. En la década del ‘70, antes de la crisis petrolera, la relación promedio mundial era superior a 1.50. Con las sucesivas crisis petroleras y la preocupación generada por la emisión contaminante de la combustión fósil, la productividad del insumo energético en el proceso productivo fue aumentando y la relación quedó por debajo de la unidad (menos de una unidad de energía por unidad de producto). El imperativo de reducir los gases de efecto invernadero para que la temperatura media del planeta no supere los dos grados centígrados respecto a sus niveles preindustriales obliga a una rápida convergencia a niveles de 0.5. Pero la menor tasa de intensidad energética que implica un uso más eficiente del recurso energético, no significa que el planeta use ahora menos energía per cápita que antes. El consumo de energía ha crecido porque el mundo tiene más habitantes y porque los habitantes disponen hoy de más aplicaciones asociadas a la calidad de vida que usan energía. El economista inglés William Stanley Jevons en una obra emblemática que tituló The coal question (1865) observó que el consumo del carbón aumentó en Inglaterra después de que James Watt introdujera la máquina de vapor alimentada con carbón, que mejoraba en gran manera la eficiencia del primer diseño de Thomas Newcomen. Desde la perspectiva económica era una suerte de paradoja, porque un recurso usado con mayor eficiencia debía reducir su demanda. Sucedió, sin embargo, que las innovaciones de Watt convirtieron el carbón en un recurso usado con mayor productividad respecto a su costo, y esto hizo que se incrementara el uso de su máquina de vapor en una amplia gama de industrias. Jevons también erró en sus pronósticos respecto a lo que creía iba a ser una crisis de escasez del recurso a fines del siglo XIX, porque no imaginó a mediados del siglo XIX que la tecnología daría un salto hacia la incorporación de otro fósil que terminaría desplazando el carbón: el petróleo.

Durante el siglo XX, con la entronización del petróleo como recurso dominante de la oferta energética mundial, las aprensiones y pronósticos del economista inglés volvieron a repetirse. Hubo quienes se sorprendieron por las inimaginables nuevas aplicaciones que tuvo este "aceite mineral" que al principio sustituía con mucho más eficiencia y menores costos la iluminación que proporcionaba el aceite de ballena. El petróleo salvó a las ballenas de una temprana extinción, pero sólo algunos previeron al principio que el petróleo desarrollaría nuevas demandas y se convertiría en el combustible dominante del nuevo siglo. Con el crecimiento incesante de la demanda también se dieron los pronósticos maltusianos sobre el agotamiento de las reservas y sus consecuencias sobre una estructura productiva que se había hecho adicta al consumo petrolero. En el siglo XXI empieza a discutirse el predominio del petróleo y se presentan opciones tecnológicas en su hasta ahora dominio inexpugnable: el sector transporte. El mundo energético experimenta una transición intrafósil (el gas natural sustituye al petróleo) mientras las energías renovables aumentan poco a poco su participación en la matriz primaria y sobre todo en la matriz eléctrica. El gas natural sorprendió hace unas décadas cuando las plantas generadoras de ciclos combinados aumentaron significativamente la eficiencia del uso combustible en la generación eléctrica. Pero de nuevo, el uso más eficiente del recurso, lejos de restar demanda (por reemplazo, por ejemplo, de plantas de ciclo abierto a plantas de ciclo combinado) generó nuevas demandas (las plantas de gas empezaron a sustituir las de carbón). La tecnología del fracking ha habilitado la explotación de nuevas y enormes reservas de gas natural. Los pronósticos sobre su pico productivo han sido desplazados por las amenazas que las renovables insinúan sobre el crecimiento de la demanda de gas. Sin embargo, es probable que hacia mediados de siglo el gas natural se erija como la primera fuente de energía primaria desplazando al petróleo. Como nos enseña la historia, el uso eficiente del gas natural sumará nuevas aplicaciones y con sumos, se intensificará su comercio, y los mercados regionales convergerán en un mercado mundial. Con los recursos de gas y la industria madura que ha desarrollado, la Argentina no puede estar ausente de semejante desafío.

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