La ‘kicillización’ de Scioli que nadie cree, salvo los mercados

Daniel Scioli volvió a sorprender a todos cuando frente a los empresarios de UIA exhibió otra escena de kirchnerismo explícito.

¿Es cierto Daniel que estás pensando en mantener a Kicillof en el Ministerio de Economía?, lo consultó un dirigente de la Unión Industrial de buen trato con el Gobernador.

Es un buen profesional para la transición, puede ser, se limitó a responder, en otra señal de humo a la Casa Rosada.

Pese a esta clase de gestos, Cristina lo mira con tanta incredulidad como los empresarios. En los círculos del poder local nadie termina de creer la kicillización de Scioli. En la reunión con la UIA, por ejemplo, el propio candidato se preocupó por destacar luego que para él existen tres palabras fundamentales de la política económica en el futuro: previsibilidad, institucionalidad y gobernabilidad. Las dos primeras hace tiempo que fueron borradas del diccionario K. La última enfatiza, en la visión de Scioli, lo que lo diferencia de un eventual gobierno de Mauricio Macri: la capacidad de encolumnar al peronismo para instrumentar las medidas económicas necesarias para bajar la inflación y volver a crecer. También confesó, ante una pregunta, que un "acuerdo social amplio es lo que siempre defendí", aunque sea un proyecto que el kirchnerismo sepultó hace 7 años.

La actitud en público del Gobernador de sugerir una continuidad del actual ministro de Economía contrasta con lo que en privado explican sus referentes económicos.

El diagrama que ilustra esta página es cuadro sipnóptico que desde hace unos meses Miguel Bein, asesor principal de Scioli, muestra a banqueros, empresarios y financistas, para explicar la agenda pendiente para normalizar la economía (ver gráfico). Allí se observan las áreas a corregir del modelo económico como parte de un plan integral: corregir déficit fiscal; corregir precios relativos (recortar subsidios y descongelar tarifas públicas, justamente para achicar el déficit fiscal); mejorar competitividad, generadores de dólares (las exportaciones llevan dos años de caída); corregir déficit externo; bajar la inflación con un nuevo Banco Central y un Pacto Social.

No parece ser la agenda de Kicillof.

Resumiendo, habría que corregir casi todo para reconstruir un modelo productivo que, a diferencia de otras épocas, cuando generaba sus propios dólares para crecer a tasas chinas, hoy necesita de la asistencia de los dólares chinos para garantizar la estabilidad financiera.

Sin embargo, la kicillización de Scioli en público es vista con resquemor por los inversores financieros. No por una cuestión ideológica: a Evo Morales le prestan dólares a 10 años al 4,5% anual, la mitad de tasa que a Argentina. Desconfían porque lo visualizan como la continuidad de una política (tipo de cambio fijo, cepo cambiario, inflación del 25%, déficit fiscal de 5 puntos del PBI) insostenible mucho más allá de diciembre.
La consultora Analytica midió el riesgo Scioli + Kicillof en un informe que combina el crecimiento en las encuestas y la kirchnerización del candidato con la evolución de la cotización del Bonar 24 y de las acciones de los bancos argentinos que cotizan en el exterior. La conclusión es que desde que el candidato oficial lidera las encuestas y se abraza a Kicillof hay un ajuste del valor de esos activos del orden del 7% en dólares. De hecho, el propio Scioli sería víctima de su kicillización, porque viene demorando la colocación de un bono por u$s 750 millones dado que las tasas que le cobrarían esta semana rondan entre 11 y 13%, muy por encima incluso de la deuda a casi el 9% que emitió Kicillof un mes atrás.

Más allá de la anécdota. En el escenario local, quienes conocen la agenda económica que manejan reservadamente los candidatos con sus asesores, saben que no hay grandes diferencias como sugirió un empresario de la UIA en el diagnóstico de la economía entre Scioli y Macri. Los dos creen que hay que bajar la inflación, achicar el déficit fiscal y recortar subsidios, para que el Banco Central no emita tantos pesitos devaluados, levantar el cepo, resolver el atraso cambiario, reactivar la economía, potenciar la inversión, etc.,etc.
El tema es quién puede hacerlo. Scioli se muestra como el garante de la gobernabilidad, como el candidato que sería capaz de lidar con una agenda con objetivos contradictorios, sin generar mayores tensiones sociales y políticas: ¿Cómo levantar el cepo sin devaluar? ¿Cómo desacelerar la inflación si todos descuentan que el dólar está atrasado? ¿Cómo convencer a la vez a los sindicatos de fijar salarios con la expectativa de menores precios?

La capacidad y el respaldo político de Macri en ese aspecto genera toda clase de dudas.

Pero mientras Scioli se abraza a Kicillof, Macri aparece como el favorito para los financistas, y eso podría posicionarlo como quien garantiza los dólares más rápido para evitar el ajuste y la devaluación.

Los dos saben que conseguir dólares baratos será clave para que el próximo presidente si pretende encarar la agenda pendiente sin un ajuste drástico o una devaluación brusca.Y que para ello es necesario encarar una negociación con los fondos buitres.

Si Scioli demora esa definición, empantanado en el relato, puede caer en la trampa de la devaluación sin plan de Kicillof en 2014, que potenció la inflación, el ajuste real de los salarios y la recesión, para chocar al año siguiente con el mismo problema. Así, un Scioli sin ventanilla financiera rápida, tal vez podría enfrentar más complicaciones políticas que un Macri con los dólares suficientes para administrar la transición.

La otra gran fuente de dólares que el próximo presidente sabe que no puede desaprovechar son los u$s 200.000 millones de los argentinos en el colchón: en las casas, en las cajas de seguridad (se calcula que allí se esconden casi el doble de dólares que en el Banco Central), y en el exterior. Para ello es necesario eliminar el cepo y contar con un solo dólar: mientras exista un tipo de cambio paralelo mucho más caro que el oficial ningún argentino sacará esos ahorros del colchón. Pero, de nuevo, eliminar el cepo de inmediato sin conseguir antes financiamiento barato implicaría abrir la caja de pandora de la economía y de la política.

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