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La fatiga electrónica

por  LEANDRO ZANONI

Periodista especializado en tecnología
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La fatiga electrónica

Creo que es hora de que la industria de electrónica de consumo reconozca que se encuentra en un estado de fatiga, camino a un peligroso callejón y presa de su propia exigencia. Admitirlo sería muy conveniente para todos (fabricantes, medios de comunicación y consumidores) y, además, podría sentar las bases para generar una nueva y provechosa ola de innovación.

Algo de esto percibí la semana pasada durante IFA 2016, una de las ferias de consumo tecnológico más importantes y antiguas del mundo que se hace cada año en Berlín desde 1929. A pesar de un puñado de buenos productos (el reloj inteligente S3 de Samsung, la Yoga tablet de Lenovo), las ‘novedades’ presentadas en todos los rubros (celulares, TV, computadoras, electrodomésticos, etc.), terminó dejando sabor a poco.

Los enormes esfuerzos de los departamentos de marketing y comunicación para hacer eventos y presentaciones cada vez más espectaculares, no lograron disimular que casi todos los productos expuestos en los más de 150 mil metros cuadrados de feria, ya habían sido presentados en otros megaeventos similares como el CES de Las Vegas o el Mobile de Barcelona.

¿Qué es lo que pasa? Creo que hay una fatiga, un techo que impide que la innovación tecnológica (definida por J. Schumpeter) pueda continuar su curso exponencial. Ese que en su momento bien definió Moore con su famosa ley.

Las pantallas de TV ya no pueden ser más delgadas. La calidad de imagen en definición 4K (cuatro veces más que el HD) es la máxima que un ojo humano puede percibir. Las empresas de smartphones no encuentran qué función agregarle para diferenciarse de sus competidores. La disrupción que generó el iPhone a 9 años de su lanzamiento no puede ser imitada ni siquiera por la misma Apple.

Pongo el ejemplo de la heladera. Es cierto que las técnicas del marketing son cada vez más sofisticadas y efectivas para hacernos creer que lo nuevo es fabuloso. ¿Pero de cuántas maneras más se puede vender una heladera? Hace varios largos años nos prometen que detectará los productos que faltan y ella sola haría el pedido al supermercado. Todavía no ocurre y tal vez no ocurra a mediano plazo. Pero las heladeras vienen ahora con pantalla LED en sus puertas.

La familia feliz se deja mensajes en la pantalla táctil. ¿Pero cuántos dolares extras está dispuesto a pagar el consumidor para reemplazar a una trilogía milenaria: lápiz, papel y un imán? Mientras piensan en qué nueva función sumarle para mostrar en la próxima feria, los fabricantes parecen haber olvidado para qué necesitamos una heladera: para que no se pudra la comida y para tener agua fría.

Porque la tecnología no es sólo tecnología: es cultura. La TV, el iPhone, la Playstation, la PC o el lavarropas en los 50 cambiaron las costumbres de la gente, por eso fueron exitosos. Pero no se pueden inventar productos disruptivos cada seis meses.

La industria tecnológica inventa el agua tibia y nos dice que es una revolución, que hay un antes y un después del agua tibia y que tenemos que correr a comprarla. En la industria tecno la palabra ‘revolución’ es un mantra. Durante muchos años, el truco les resultó muy efectivo para vender. Suena lógico. Todos queremos tener lo mejor, lo nuevo, lo último. Pero es un tiro en el pie. Porque si hasta no hace tanto tiempo lo nuevo aparecía cada uno o dos, ahora debe llegar cada vez más rápido. Y eso termina agotando los recursos de los mismos fabricantes que van a una velocidad que no pueden sostener.

Antes de que el usuario conozca las bondades de la nueva tecnología y junte el dinero para hacerse del producto, la misma industria, en la misma categoría e incluso la misma marca, ya le está diciendo que hay uno mejor a la venta.

Pero es cada vez más evidente la distancia entre las necesidades reales del consumidor y las cada vez más urgentes necesidades de ventas de las grandes empresas (cuyas acciones cotizan en bolsa y tienen que crecer rápido y sin pausa). Los usuarios empiezan a darse cuenta que todo lo nuevo no siempre es mejor que lo anterior. Por ejemplo, en la gama alta, el tiempo en que un usuario salta de un smartphone a uno mejor se estancó en 19 meses.

Allí va la industria tecno, manejando un tren que va tan rápido que a veces se nos hace difícil ver qué es lo que trae de nuevo para vendernos. ¿Será el futuro?

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