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La educación: ¿hacia dónde vamos?

Ante un contexto global, en el cual existe una velocidad de cambio y de innovación tecnológica sin precedentes, los métodos educativos necesitan ser reconsiderados. En este sentido, la Universidad del siglo XXI requiere ser pensada desde un paradigma donde, por un lado, se la considere como un sistema que responda a demandas del entorno y, por ende, se adapte a la dinámica del contexto.
Existe una convicción creciente que se basa en que el modelo de la universidad tradicional deberá ser revisado. Enseñar conocimientos es su actividad central, pero, cada vez más, será trascendente educar en comportamientos. No hay estudios terminales, sino un proceso de educación permanente a lo largo de toda la vida. Las próximas décadas mostrarán cambios radicales en la educación, que presionarán en la transformación de los sistemas educativos nacionales. En un plazo no mayor de 20 años, emergerá una nueva estructura educativa.
Entre los factores que acelerarán los cambios se destacan: el impacto de las tecnologías digitales de información y comunicación; la aparición de un mercado transnacional de educación; la tendencia a reducir el tiempo de las carreras y desarrollar un proceso de educación permanente; la posibilidad de desarrollar una educación más personalizada, como superación de la enseñanza masiva tradicional; y la vinculación activa entre la universidad y los clústeres locales para generar innovación.
Para ello, debemos asumir el compromiso de revisar los modelos educativos de los próximos años, rescatando y reformulando las misiones presentes. ¿Para qué? Para dotar los proyectos de mayor atracción, sin perder eficacia. Para adaptarse al futuro. Por ello, las instituciones educativas deben aprovechar la importante capacidad de los directivos, los docentes, para incrementar la vocación para aprender de nuestros alumnos, utilizando las tecnologías digitales y las metodologías más dinámicas. Una de las características de la educación del futuro para ser efectiva es que tendrá que ser más personalizada, lo cual encierra a su vez un desafío estratégico porque para que ello suceda, se necesitan docentes preparados para atender el caso a caso, para ser facilitadores del aprendizaje y no generadores de información. Además, es el momento más importante para adoptar nuevas tecnologías y para que el sistema educativo se vuelque al futuro, a lo que va a ser la educación de mañana.
¿Cómo enfrentar el desafío de comenzar a construir un nuevo paradigma educativo? Configurando un nuevo tipo de enseñanza, donde se combine el estudio académico con las vivencias de la experimentación y con el estímulo creativo que propone la innovación. A su vez, es necesario configurar un espacio educativo en donde no sólo se brinde información, sino que también se genere motivación para operar el conocimiento en el marco de la realidad para resolver problemas de la sociedad a través de la tecnología, la ingeniería y la gestión.

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