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MIÉRCOLES 19/12/2018
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La década en salud: ¿Una oportunidad perdida?

La salud de los argentinos en la última década ha mejorado si tomamos en cuenta los indicadores clásicos. Descendió la mortalidad infantil, aumentó la esperanza de vida y bajó la tasa de mortalidad de enfermedades, como la tuberculosis y el sida. Sin embargo, a diferencia de otras áreas sociales, el Estado tuvo poco presencia en el sector de la salud. La inversión presupuestaria y la falta de una reforma integral dan cuenta de que no formó parte de la agenda política.
A nivel regional, seguimos en un quinto lugar en cuanto a mortalidad infantil y en un séptimo lugar en cuanto a la esperanza de vida detrás de países como Cuba, Costa Rica, Chile y Uruguay. En cuanto a mortalidad materna, se mantuvo en cifras consideradas altas, similares al 2003.
Si analizamos el alcance de cobertura, vemos que aumentó el porcentaje de asistencia de obras sociales y prepagas, pero continúa siendo bastante alto el porcentaje de personas sin cobertura, que se encuentra en el 36 por ciento.
Pero el dato que más llama la atención respecto del sistema de salud no tiene que ver con lo que se hizo, sino con lo que se pudo haber hecho.
Coincidimos en que hay mayor presencia del Estado nacional en todas las actividades, como por ejemplo, la política de subsidios en áreas como la energética y de transporte, los cambios en el sistema previsional, las leyes de educación que establecen un mínimo a invertir, el seguro de capacitación y empleo, la política centralizada de ejecución de las obras públicas, la política social con la Asignación por Hijo/a, las nacionalizaciones de Aerolíneas Argentinas y de YPF.
También podemos coincidir que el sistema de salud estuvo ausente de estos cambios. Hoy, al igual que la década anterior, alrededor del 46 por ciento del gasto en salud sigue siendo privado, lo que marca un sistema que presenta enormes inequidades. El gasto del Gobierno nacional en salud sólo representa el 0,29 por ciento del PBI y si sumamos el gasto de todas las provincias y municipios asciende al 2,5 del PBI.
En estos años, no hemos podido elaborar y ejecutar ninguna política de reforma del sector que haya intentado acompañar los cambios verificados en todas las demás áreas. La salud, desde este punto de vista, estuvo fuera de la agenda política.
Este es un problema que nos atañe a todos quienes trabajamos y pensamos el sistema de salud. No fuimos capaces de ‘convencer’ a la sociedad y a las autoridades de la importancia de la inversión pública en salud en la década en que el Estado volvió al centro de la escena.
El sistema de salud no esquivó la ola privatizadora de los noventa, pero cuando las circunstancias fueron favorables para una ‘contra reforma’ que tendiese hacia un modelo más inclusivo, universal y con una mayor presencia del Estado, dejamos pasar la oportunidad.
Nuestra historia muestra que una de las épocas de mejoras en nuestro país en salud estuvo relacionada con la fuerte presencia del Estado en este sector y por consiguiente, con una mayor capacidad institucional de gobernar el sistema en su conjunto. Aquel intento en 1945 quedó trunco así como muchos otros intentos. El analizar estas experiencias en el contexto actual supone una idea de aportar a un debate mayor y no perder otra oportunidad.

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