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Hacia una nueva agenda del G-20

Hacia una nueva 
agenda del G-20

Para qué sirve hoy el G20? Sus cumbres movilizan recursos, disparan viajes de jefes de Estado, empresarios y consultores y obligan al despliegue de amplios operativos de seguridad.
Como ocurrió días atrás en China, el encuentro culmina con una extensa declaración –48 capítulos tuvo el texto acordado en Hangzhou– en la que abundan loables intenciones para promover el crecimiento global.
Pero la recuperación económica en el mundo se hace esperar, así como la instrumentación de muchas recomendaciones que año tras año reitera y amplía este foro de 19 países más la Unión Europea que cobró vuelo en 2008 para coordinar medidas frente a la crisis económica que sacudió el planeta.
Ocho de los diecinueve países del grupo tendrán este año un crecimiento magro, o verán caer su PBI. Según distintas fuentes relevadas, Brasil experimentará la mayor caída (cercana o superior al 3%), mientras que la expansión del PBI de Japón, Italia, Francia, Sudáfrica y Alemania oscilará apenas entre el 1,1% y el 1,7%.
Sólo dos miembros del grupo, India y China, figuraron entre los países con mayor crecimiento en 2015, aunque lejos de Etiopía, que encabezó el lote con un casi 10% de expansión.
Entre los compromisos ratificados en la reciente cumbre de China se cuentan el impulso a una economía abierta, la oposición al proteccionismo y la promesa de remover las trabas al comercio internacional para fin de 2018. Curioso todo, porque según estimaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) los países del G20 pusieron en marcha más de 140 medidas proteccionistas desde la cumbre anterior, hace poco más de diez meses. Y son más resonantes los rechazos que las adhesiones a los tratados de libre comercio a uno y a otro lado del Atlántico.
La corrección política en las posturas públicas no logra disimular que los gobiernos, no sin razón, prefieren atender al riesgo que entrañan las asimetrías en las negociaciones multilaterales.
Llama la atención también la apelación a la necesidad de crear empleos de calidad y a dar oportunidades laborales a grupos vulnerables y a los jóvenes, cuando en muchos de los países miembros se estimula la flexibilidad de las condiciones laborales en aras de mayor productividad y reformas jubilatorias que permitan consolidar las políticas de austeridad.
El crecimiento, dijeron los líderes del G20 en China, debe ser apuntalado por políticas "adecuadas y coordinadas", mediante la apelación a todas las herramientas disponibles de política monetaria y fiscal "individual y colectivamente".
¿Pero cuáles son esas políticas? El manto de austeridad y ajuste que sobrevuela Europa y que retrasa su recuperación no parece ser modelo para el resto del planeta. Puede atestiguarlo Brasil, cuyo giro en la gestión económica durante la última etapa de Dilma abrió las puertas a una recesión que lleva dos años y tiene pronóstico incierto.
Si en algo está fracasando el G20 es en el diseño de una agenda que permita de manera efectiva motorizar el crecimiento mundial moderando los desequilibrios. Las diferentes prioridades geopolíticas y necesidades económicas de corto plazo de los principales actores del grupo son obviamente las razones que impiden avanzar.
La Argentina será sede en 2018 de esta cumbre de países. Es una oportunidad inigualable para trabajar en nuevas alternativas de coordinación y ampliar los horizontes del debate. Se habla mucho de la nueva revolución industrial, la innovación y la economía digital. Y hasta se creó un grupo de trabajo para impulsar esa agenda de cara a los próximos encuentros. Habrá que desarrollar esos capítulos, naturalmente. Pero desafíos como el de generar inclusión, crear empleos estables o distribuir más equitativamente el ingreso parecen aún asuntos marginales en estos salones, aun cuando figuren entre las urgencias más notables del escenario global.

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