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Gobernanza política

Una idea sobre ‘gobernanza’ se relaciona fundamentalmente con empatía social, con eficacia política, con oportunidad o ‘timing político’, con calidad de gestión en el marco de acertadas y eficientes decisiones estatales cotidianas, en pos de objetivos y metas propuestas, las que fueran aprobadas mayoritariamente por la ciudadanía.
La democracia moderna revela que más importante que la legitimidad de origen, es la legitimidad de ejercicio lo cual tiene todo que ver con elegir el momento oportuno para hacer y decir lo que hay que hacer y decir en el instante apropiado.
Ahora mismo, la gobernanza política relacional reside, esencialmente, en las interacciones éticas, ecuánimes y equitativas de la administración pública con los administrados de la sociedad civil.
Con el Estado de derecho, el voto fue la piedra angular de la soberanía popular, aunque hoy ese poder emanado de las urnas, como que se agota en una ‘democracia de autorización’, un ciclo incompleto que se consumiría en el acto de elegir, en el acto de otorgar ‘una autorización provisoria para gobernar’, fundamentalmente, en una expresión ciudadana limitada a la elección de representantes y gobernantes. Es decir, en ciudadanos convocados sólo a una simple validación de los poderes.
Por ende, la legitimidad y democracia de ejercicio, debe de ser la revalorización institucionalizada de la participación ciudadana antes, durante y después de cada gestión gubernamental, cuando el rol ejercido por el Poder Legislativo está en franca declinación y desprestigio desde su propia borrosa identidad, mientras se acentúa la prevalencia del Poder Ejecutivo encargado de tomar decisiones. Así entonces, la gobernanza política, fácticamente carga con casi todo el peso ciudadano, porque lo esencial ahora es la organización del vínculo entre gobernantes y gobernados.
En el marco de tal configuración de la forma de gobierno, venimos observando un enrevesado situacional que define, explica y predice todo déficit democrático Vg., ciudadanos que no son escuchados, decisiones que se adoptan sin consulta alguna, ministros que no asumen sus responsabilidades, dirigentes que mienten con impunidad, funcionarios políticos encerrados en sí mismo sin rendir cuentas con el remate de un opaco y viscoso funcionamiento administrativo.

Legitimidad de ejercicio

Constitucionalmente, nuestro gobierno es representativo, republicano, federal y democrático, pero en la realidad, nuestras últimas administraciones nacionales no nos han venido gobernando de forma tal, de modo que en nuestra democracia basada en un permiso para gobernar conforme al artículo 22 de nuestra Constitución Nacional, pasado el momento electoral, el pueblo se ve muy poco soberano al quedar reducido al otorgamiento de una legitimidad de origen pero desconectado del cumplimiento, supervisión y beneficios políticos de la legitimidad de ejercicio.
Esto configura una y otra vez el abandono de los representados por parte de sus representantes, en la no relación o desmesurada intermediación entre los primeros con la instancia de gestión cotidiana de la cosa pública, es decir, la instancia de decisión y mando.
Como vemos, la cuestión ya no es tanto la crisis de representación como la necesidad de conjurar las falencias que podrían desembocar en un mal gobierno.
Tenemos que conseguir una democracia de ejercicio que permita superar la asimetría estructural entre gobernantes y gobernados. Para ello será fundamental la ‘apropiación del poder’ por parte de los ciudadanos a través de figuras como la información y publicidad de los actos de gobierno, la responsabilidad o rendición de cuentas y la responsividad, esto es, gobernantes por fin dispuestos a escuchar y dar respuestas satisfactorias.
Finalmente será clave el restablecimiento de los lazos de confianza entre gobernantes y gobernados. Para ello resultan roles definitorios la integridad, idoneidad o consagración al cargo y renuncia simétrica a ‘beneficios’ personales, coronando todo ello con un decir no arrebatado ni triunfalista sino responsable y veraz, para evitar la generación de falsas expectativas como aconteció entre nosotros, respecto de este segundo semestre que acabamos de iniciar.

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