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Empieza un año de gran actividad diplomática a nivel global

Los lineamientos que imprima la nueva Administración en Estados Unidos serán el eje de un espiral de reacciones y acomodamiento en el campo internacional. Por ahora prima un estado de expectativa y, en algunos casos, de aprensión. Pocas veces se ha vivido un tiempo internacional de mayor incertidumbre. El Presidente electo de Estados Unidos mantiene el suspenso. Los pocos anuncios conocidos siguen la tónica de slogans de campaña más que señales de política.
Los temas que han recibido mayor definición por parte de Donald Trump, plantean cierta confusión. El mensaje de acercamiento a Taiwán, es un ejemplo. Otra señal compleja ha sido el anuncio de fortalecer la capacidad del arsenal nuclear de Estados Unidos con el riesgo de desatar una nueva carrera de armamentos estratégicos con Rusia. También de afectar el régimen de no proliferación de las armas nucleares.
La lista de cuestiones relevantes que aguardan la nueva posición de Estados Unidos abarca un abanico temático que incluye el cambio climático, el futuro de acuerdos de libre comercio como urgencias en el campo de la seguridad internacional, sea respecto a lucha contra el terrorismo islámico o en lo que hace a los distintos conflictos militares en curso. Hasta ahora tampoco se sabe si Estados Unidos se retrae o se expande en el escenario internacional. Hay señales contradictorias.
La nominación del futuro Secretario de Estado, Rex Tillerson, tampoco ha servido, por el momento, para aclarar intenciones. Lo mismo se podría decir del próximo accionar del futuro gabinete de Donald Trump.
En el campo de la diplomacia multilateral también se inicia un nuevo ciclo. El Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se encuentra designando los colaboradores centrales del organismo. Las características personales del flamante titular de las Naciones Unidas permiten presumir un liderazgo más intenso que el de su predecesor. Muchas áreas de la política multilateral necesitan salir de la parálisis de los últimos años. La lista de temas pendientes incluye cuestiones que van desde la ampliación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como la revitalización de las negociaciones en los órganos especializados del sistema de Naciones Unidas. No hay tema en la agenda que no requiera de una nueva dinámica multilateral.
Estas circunstancias, entre otras, ponen en evidencia que el 2017 será un año de intensa actividad diplomática. El cronograma de reuniones previstas a nivel de Jefes de Estado como de Cancilleres pone de manifiesto un ritmo de encuentros, bilaterales como multilaterales, que aumenta en interés por el número de desafíos y prioridades que se enfrentan.
No hay cancillería en el mundo que no se esté preparando para el ciclo que se inicia. La certeza pasa por que muchas de las premisas conocidas sufrirán variantes. Por ahora habrá que seguir con atención la evolución de los acontecimientos. Es hora de análisis y reflexión.

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