El Mercosur frente al proteccionismo de EE.UU.

Una presidenta sudamericana llegó a la Asamblea General de la ONU, denunció las distorsivas prácticas comerciales de Estados Unidos y dejó en claro: No podemos aceptar que medidas legítimas de defensa de los países en desarrollo sean injustamente calificadas de proteccionismo. Pudo haber sido Cristina Fernández de Kirchner, pero no. Fue su par brasileña Dilma Roussef.
Un país sudamericano sufrió advertencias de un representante de Comercio estadounidense que le atribuyó medidas proteccionistas por el aumento de tarifas a un centenar de productos importados. Pudo haber sido Argentina, pero no, fue Brasil.
Un país desarrollado goza de fuerte superávit comercial con otro sudamericano, y aun así le reprocha supuestas trabas a sus exportaciones, le impide el ingreso de productos a su mercado interno y hasta desconoce sanciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pues bien, adivinaron: es Estados Unidos discriminando a Brasil y a la Argentina, dos excelentes socios comerciales a los que destrata injustamente.
De Argentina, lo hemos dicho varias veces: en 2011, de todos los países del G-20, fue el segundo que más aumentó sus importaciones desde los cinco continentes (30,8%). En esa tabla, Estados Unidos quedó 14to. Ni hablar del intercambio bilateral, que se duplicó (107,7%) en los últimos diez años, con un incremento del superávit a favor de Estados Unidos del 54% sólo en 2011, manteniendo esa tendencia (42%) en el primer semestre de 2012.
Pasemos a Brasil. Su déficit comercial con Estados Unidos, segundo socio comercial de Brasil después de China, llegó en 2011 a u$s 7.000 millones, un rojo que se mantuvo en u$s 1.000 millones entre enero y julio de 2012. Y no es de ahora: entre 2007 y 2011 las exportaciones estadounidenses al mercado brasileño pasaron de u$s 22.000 millones a u$s 37.000 millones (fuente: USITC).
El patrón de comportamiento comercial estadounidense tiene una inmejorable confirmación con el caso de Brasil porque había comenzado a denunciar ya hace diez años la influencia de los subsidios norteamericanos a productos como la soja, el azúcar, el algodón y, como Argentina, a las carnes, y que no dudó en reclamar ante la OMC. El organismo reconoció la ilegalidad de las subvenciones de Estados Unidos y en 2009 autorizó a Brasil a imponer represalias comerciales por u$s 829 millones.
Como Argentina, tras tantas demostraciones de buena voluntad, nuestro socio del Mercosur se vio también frustrado después de firmar un acuerdo con Estados Unidos sobre algodón y terminar comprobando que se discute una nueva ley agrícola (Farm Bill) que incluyen una batería de ayudas al sector algodonero local que debatirá el Congreso norteamericano, donde lobbies de sectores económicos interesados ejercen fortísima presión para su aprobación.
No obstante, como si el mundo, sus correlaciones y su dinámica comercial se hubiera quedado congelada en plena Guerra Fría, Estados Unidos se queja de las decisiones del Mercosur. Como sostuvo la Cancillería brasileña, las medidas del bloque comercial no sólo están dentro de la legalidad, a diferencia de los subsidios norteamericanos al algodón o al bloqueo de los limones y las carnes argentinas, sino que si hay un país beneficiado con la ampliación del mercado brasileño, ese país es Estados Unidos.
Por eso, totalmente en línea con los planteamientos de nuestra Presidenta ante la ONU sobre una reforma del sistema financiero internacional, su par Rousseff advirtió que no dudará en aplicar sanciones comerciales a Estados Unidos elevando determinados aranceles y expresó: No podemos aceptar que medidas comerciales legítimas de defensa de los países en desarrollo sean injustamente calificadas de proteccionismo.
El problema de los subsidios es estructural, y por ello en el caso del algodón afecta no sólo a Brasil, sino a socios comerciales mucho más débiles en frica, como Burkina Faso, Mali, Benin y Chad. Se sabe que los países desarrollados, aun con las actuales dificultades, siempre tienen más y mejores recursos para sobrepasar el límite aceptado de las medidas de ayuda a sus mercados internos.
Se ha dicho muchas veces: el proteccionismo de las potencias comerciales sólo complicará más la situación internacional y alejará la posibilidad de restablecer un razonable equilibrio en el comercio global a través de un acuerdo general que distribuya el peso de la crisis. Las maniobras aislacionistas son el combustible perfecto para desatar un conflicto extendido que perjudicará a todos sin beneficiar, realmente, a nadie.