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Defender la competencia es defender al consumidor

Los campeonatos arreglados son aburridos y los mercados concentrados son aún peores, esto que parece una afirmación delirante en realidad no lo es tanto. Existe una diferencia fundamental: en los mercados concentrados al que se llevan puesto es al consumidor y los mercados muy concentrados se llevan puesto al país.
Cuando estamos viendo un campeonato de fútbol y todos sabemos cuál va a ser el resultado pueden estar sucediendo dos cosas: 1) que el campeonato esté literalmente acordado, concertado, entre los equipos;
2) hay una diferencia tan abismal entre los equipos que termina siendo imposible no prever cómo terminará. Sea cual fuere el resultado la reacción es la misma: nos causa una enorme indignación, nos aburrimos mucho y si lo vemos es sólo por un compromiso sentimental.
Con los mercados sucede exactamente igual. Cuando existen acuerdos entre competidores, los consumidores ya sabemos que todos los precios son iguales, que todos se incrementan el mismo día y que nadie ofrece un servicio mejor. Por otro lado, cuando la concentración económica es tan grande, existen solamente una o dos marcas (con suerte) que nos dicen qué consumir y cómo hacerlo y no tenemos derecho a repregunta alguna. El resultado es el mismo nuevamente: el consumidor termina pagando de más, y las pequeñas y medianas empresas se vuelven menos competitivas por los costos de sus insumos.
La competencia suele parecernos algo abstracto pero no es así, un mercado con competidores reales nos da atributos, a los ciudadanos como consumidores, y a todos como país competitivo frente al mundo.
Debemos terminar con la mirada pendular que propone una economía no competitiva y cerrada en beneficio de unas pocas empresas que lucran con los recursos del Estado y los consumidores; frente a una económica de mercado con apertura indiscriminada de importaciones que atenta contra el empleo.
Tenemos que provocar una economía sana, innovadora, donde la competencia puertas adentro sea el disparador de mayor inversión, que mejore la oferta y la calidad de los bienes y servicios. De este modo daremos lugar a las Pymes y a los emprendedores, pondremos a las grandes empresas a trabajar para mejorar su rentabilidad como consecuencia de su esfuerzo. Daremos a los trabajadores mayor oportunidad de empleo y por lo tanto una mejora en sus condiciones laborales.
Sólo compitiendo adentro podremos competir afuera, esto supone un cambio de cultura del Estado y las empresas, pero también una decisión política concreta. La reforma a la Ley de defensa de la competencia que propone Cambiemos con el apoyo del Poder Ejecutivo y que lleva la firma de Elisa Carrió y Mario Negri es una respuesta.

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