¿Cómo deben crecer las empresas?

Dentro de las 10 problemáticas del mundo empresarial, una de las más elegidas por la mayoría de los participantes al terminar mis cursos, es precisamente la que dice que cuanto más crezco, peor estoy. Ahora bien, ¿por qué sucede esto?
Lo diré con un ejemplo referido al proceso de aprendizaje que uno tiene que hacer cuando decide comenzar a manejar un auto. Pensemos en la situación de alguien que recién esté aprendiendo a conducir, al principio, seguramente, transitará despacio, cometiendo muchos errores que se podrían corregir rápidamente, y, posiblemente, consultar con su instructor sobre todas sus dudas al respecto. A medida que el principiante tome confianza con más confianza, éste incrementará la dificultad de maniobra y, paralelamente, la velocidad.
Sin embargo, existe una variable que esta persona no estaría teniendo en cuenta: que todavía tiene mucho que aprender y, ante todo, entender. No obstante, su confianza lo llevaría a tomar más riesgos y subestimar la necesidad de seguir aprendiendo. Es así que, cada vez, el conductor manejaría más rápido, tanto, que muchos indicadores empezarán a ser difíciles de medir. Su atención solo estará fijada en la ruta.
Lo que debería tener en cuenta es que cuanto más rápido se va, más cosas se modifican, desde el rendimiento de seguridad del automóvil hasta el entorno por donde uno transita, y, sumado a esto, que un error en ese momento, a 200 kilómetros por hora, seguramente sería fatal.
Lo mismo sucede en el crecimiento propio dentro del mercado. Las empresas no deben crecer permanentemente a tasas muy altas. Lo ideal es que cada tanto se detengan para analizar qué les viene pasando, si lo que les está sucediendo respeta lo que querían y si los indicadores de riesgo críticos están estables.
La mayoría de las veces la decisión de parar no nace de uno, sino que está impuesta por el mercado a través de, por ejemplo, una crisis. No recomiendo esperar a que esto pase, más bien que sea uno quien tome esa difícil, pero inteligente, decisión.
Hace poco tuve la posibilidad de sentarme por un rato en una cabina de un avión a conversar con el piloto. Una de las cosas que más me llamó la atención era la gran cantidad de relojes que había. Frente a mi sorpresa, el piloto me dijo: un avión de estas características solo es posible de ser piloteado con mucho indicadores y un gran soporte de una computadora central; la gran parte del viaje nosotros sólo relevamos indicadores, alarmas y señales que la computadora nos da.
En relación a eso, las empresas también deberían tener muchos relojes o indicadores que le permitan no sólo medir la evolución de su negocio (viaje), sino también poder anticiparse a decisiones futuras.
Es común escuchar a los empresarios hablar de riesgo, pero muchas en realidad están hablando de incertidumbre, ya que el riesgo es algo que puede ser medido. Sin embargo cuando no se mide, podríamos decir que están más cerca de la incertidumbre que del riesgo.
En resumen, ser empresario requiere hacerse preguntas todo el tiempo, tales como: ¿Cuántos relojes (indicadores) tiene su cabina?; ¿Ya decidió como quiere crecer?; ¿Cuándo fue la última vez que paro para pensar su negocio?; ¿Cuál es la velocidad ideal de crecimiento de su negocio?
No hay que preocuparse si no se pueden responder estas preguntas, al menos es un avance hacérselas.