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Carlos Tévez y el derecho al honor

por  DANIEL R. VIOLA

 Abogado-Socio Estudio Viola & Appiolaza
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Carlos Tévez y el derecho al honor

Días atrás, la agencia DyN hizo circular la noticia que Carlos Tévez había triunfado (no por sus habilidades en un campo de juego) sino como resultado de una demanda civil por ofensas a su honor y al derecho de imagen. El caso involucra a un animador de TV, a la productora del programa "Un Mundo Perfecto" y al canal de televisión América.

La causa del reclamo fue una caricatura del jugador junto a su pareja de entonces, difundida el 1´ de abril de 2011. Un par de muñecos articulados eran los protagonistas de una ‘telenovela animada‘ titulada ‘Carlitos feo‘. El video fue subido a internet y en una semana registró más de 100 mil visitas.

Antes de la difusión del video, el conductor del programa, Roberto Pettinato, hizo una introducción que según el fallo de la Sala E de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, fue desafortunada, humillante e innecesaria. Entre los fundamentos se destaca que el "humor" no puede esgrimirse como una defensa cuando se trata de rasgos de la personalidad, origen, familia, condición social, situación económica, y "no sólo la de él sino también de un barrio entero como lo es Fuerte Apache, pues resultó en los hechos agraviado y ridiculizado públicamente de manera grosera y despectiva" (CNCiv.Sala E-13/07/2016-El Dial.com).

A su vez se señala, que "cuando se lesiona un derecho personalísimo como el del honor, no posee relevancia alguna que se haya actuado sin intención de injuriar ya que basta la conducta culpable que desacredite para que se genere la obligación de indemnizar".

No obstante, los jueces desestimaron el "agravio moral comunitario" referido al barrio donde Tévez pasó su infancia y adolescencia. "La humillación puede provenir del hecho de afectar individualmente a una persona al rebajar un barrio donde ha vivido", pero de ahí lejos se está de sostener que esa persona se halle legitimada para reclamar "una suerte de agravio moral comunitario", a favor de cada uno de los habitantes del barrio Fuerte Apache, dado que el cálculo a estimarse por el resarcimiento es individual, "mucho menos atarlo a los eventuales reclamos relacionados con obras socialmente útiles". Nues tra jurisprudencia entiende que el llamado daño moral, "está constituido por las lesiones a los sentimientos o afecciones legítimas de una persona, o los padecimientos físicos en que se traducen los perjuicios ocasionados por el evento; en fin, la perturbación, de una manera u otra, de la tranquilidad y el ritmo normal de vida del damnificado". (Sala D en E.D. 61-779 y 69-377; Sala F en E.D. 42-311 y 53-350; Sala G en E.D. 100-300, cit. El Dial.com).

Los jueces Calatayud, Dupuis y Racimo sostienen que "el honor se lesiona por su rebajamiento ante el resto de la sociedad mediante la difusión del programa y se afecta –en grado extremo para el ofendido– porque se conoce que ese derecho personalísimo se ha cosificado como mercancía de la industria audiovisual para la obtención de ganancias por los demandados". La sentencia remite al artículo 101 de la Ley 26.522 (Servicios de comunicación audiovisual), en cuanto "a la producción y/o emisión de contenidos y el desarrollo de la programación, los responsables de dicha emisión están sujetos a las responsabilidades civiles, penales, laborales o comerciales" según la legislación general. "La lesión que cabe ponderar es la del ofendido en cuanto reconoce al momento en que se visualiza el programa que el insulto lo afecta en su honor". Las emisoras tienen responsabilidad de controlar los contenidos a difundirse, sin que ello signifique censura previa.

La citada ley considera a los medios de comunicación como importantes contribuyentes a la libertad de expresión y a la pluralidad de información. Más allá del contenido económico de este decisorio ($ 200.000 más intereses), su real dimensión debe visualizarse al hilo de la ejemplaridad, poniendo énfasis en una conducta tendiente a ridiculizar a una persona y a su contexto de vida.

Este fallo se suma al gran debate sobre los límites de la libertad de expresión y la creación artística, cuando se trata de preservar derechos personalísimos de rango constitucional, tales como el honor y la propia imagen de los individuos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, 1948), garantiza el derecho a todo individuo a expresar sus ideas libremente. Pero este derecho esencial en las sociedades postmodernas, no habilita a utilizar al humor (que ni siquiera es crítico) para poner en ridículo a una persona.

Mario Vargas Llosa (Nobel de Literatura 2010) sintetiza: "Convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura y la generalización de la frivolidad".

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