Argentina y Sudáfrica: rugby y minería

Dos acontecimientos extraordinarios unen en estos días a la Argentina con Sudáfrica. Uno es el rugby, que enfrentará mañana en Mendoza a Los Pumas y a los Springboks en el segundo de los partidos del Rugby Championship. El otro vínculo proviene de la minería.
El pasado 16 de agosto la policía sudafricana asesinó a 34 operarios de la compañía Lonmi que participaban de una multitudinaria huelga en la mina Marikana, la tercera productora mundial de platino. Además de la matanza que hizo recordar los tiempos del apartheid, hubo alrededor de cien heridos y más de doscientos detenidos. La huelga en reclamo de fuertes mejoras salariales y condiciones laborales había comenzado una semana antes con la participación de miles de mineros, y antes de la masacre policial ya se habían producido diez muertos en enfrentamientos entre guardias de seguridad, mineros, policías y dos sindicatos en pugna. Al cierre de esta nota el conflicto continuaba y se estaba esparciendo a varias otras minas. De nada sirvió que el presidente Jacob Zuma se presentara anteayer en Marikana.
Lonmi es una sociedad que cotiza en la Bolsa de Londres y que tiene como uno de sus mayores accionistas a Xstrata, la misma que controla el 50 por ciento de Minera Alumbrera, la más grande del sector en la Argentina. A su vez, la suiza Xstrata está en plenas negociaciones de fusión con Glencore, que ya posee alrededor de un tercio del paquete de la firma con la que se uniría. La operación, que se definiría el próximo 7 de setiembre está siendo bloqueada por Qatar Holding, quien también es dueño de un 12 por ciento de Xstrata y está exigiendo un mejor acuerdo.
Glencore, que también tiene sede en Suiza y cotiza en Londres, es la empresa privada líder mundial en el negocio de materias primas y alimentos, con una facturación superior a los 180.000 millones de dólares. Controla aproximadamente la mitad del mercado mundial de cobre, el 60 por ciento de zinc y el 45 de plomo. Se estima que mueve el 10 por ciento del trigo del mundo, un cuarto de cebada, girasol y colza, y que es dueña de más de 300.000 hectáreas de cultivo. Es uno de los principales productores sojeros de la Argentina, a través de Oleaginosa Moreno.
Glencore es la continuación del holding de Marc Rich, un multimillonario belga que se vio obligado a dejar de figurar luego de que la Fiscalía de Nueva York lo acusara de varios delitos financieros, evasión fiscal por cerca de 50 millones de dólares, y negocios prohibidos con Irán. Por presión del entonces Primer Ministro de Israel, Ehud Barak, del Rey de España, y de varios otros personajes de la élite mundial, Rich fue perdonado por Bill Clinton en el último día de su mandato. En la Argentina, Rich fue socio del grupo Soldati en yacimientos petroleros. Lo que intentó pero no concretó fue invertir en minería en La Rioja.
Los 90 no eran todavía tiempos de minería. Lo que Marc Rich no hizo entonces en la Argentina, lo está haciendo ahora su sucesora Glencore, bajo la batuta del sudafricano Ivan Glasenberg, y a través de Xstrata.
El fin de semana pasado el programa hiperkirchnerista 678 titulaba Otro día de muy buenas noticias, entre las que situaba que en el segundo trimestre del año hubo un nivel casi récord de inversiones extranjeras directas. Absoluta verdad, pero con la particularidad de que el 40 por ciento de todas esas inversiones tuvieron como destino la minería: 478 millones de dólares en solo tres meses.
No es algo excepcional. Desde 2010 la minería es el mayor receptor de inversiones extranjeras. Y si se contabiliza el sexenio 2005-2010 ocupa el segundo lugar con 4.416 millones de dólares, detrás del sector petrolero, según datos del relevamiento La inversión directa en empresas residentes que elabora anualmente el Banco Central.
La razón, o al menos uno de los motivos fundamentales, del creciente flujo de inversiones se encuentra en ese mismo estudio. En 2010 la minería obtuvo una renta de 1.008 millones de dólares, lo que representó el 40 por ciento del patrimonio neto del sector. Esa tasa de rentabilidad supera holgadamente la de cualquier otro sector: casi quintuplica la de la industria automotriz, es un 50 por ciento mayor que en petróleo, y duplica el 18,8 por ciento de rentabilidad promedio. Y no es que 2010 haya sido un año extraordinario: salvo en 2008, cuando la utilidad sobre patrimonio neto fue del 12,2 por ciento, en todos los otros desde el 2005 osciló entre el 32,7 y el 66,5 por ciento.
El boom minero, que en la Argentina y en América Latina en general, se caracteriza por ser un negocio extractivo de materia prima para la exportación con escasísimo valor agregado, se refleja con contundencia en los números de comercio exterior que publicó el Indec el miércoles: en los primeros siete meses del año las exportaciones de oro, cobre y plata ascendieron a 1.992 millones de dólares.
Concientes de que el elevadísimo margen de ganancia de la actividad dispara el debate sobre la conveniencia de que el Estado capture una porción más grande de la renta, la cámara que agrupa las multinacionales mineras ha distribuido un par de estudios que muestran a la Argentina con una estructura tributaria más gravosa que varios otros países con recursos mineros.
Mal de muchos es consuelo de tontos. Pero, además, la avalancha de inversiones que están llegando prueba que, aún con esa estructura más gravosa, el atractivo es inmenso.
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