En una economía que avanza a distintas velocidades, la minería, el sector energético y el agro aparecen como los potenciales ganadores del nuevo modelo que está llevando adelante el gobierno de Javier Milei. Sin embargo, parte de la demanda que la industria esperaba de esos proyectos todavía no termina de materializarse en el corto plazo y las empresas empiezan a poner el foco en los problemas de competitividad, logística e infraestructura que aún persisten y limitan inversiones.
Este diagnóstico quedó reflejado en Cambras Business Day, el evento que organiza la cámara empresarial brasileña en la Argentina y que tuvo al Malba como lugar de encuentro.
“Tenemos que ir a buscar las oportunidades que el mercado presenta y estar preparados para la infraestructura que nos van a demandar las grandes inversiones que se están planeando, principalmente en minería y en Oil & Gas. Aún en el corto plazo no las estamos viendo, pero cuando eso ocurra, la demanda podría ser importante”, dijo Guillermo Maglieri, director ejecutivo para Argentina y Uruguay de Gerdau.
La compañía brasileña, y uno de los principales productores de acero largo de América, opera en la Argentina desde hace más de tres décadas y abastece a sectores como la construcción y el agro. Según explicó el ejecutivo, el mercado siderúrgico continúa atravesando una etapa compleja por la caída de la actividad, especialmente en los segmentos vinculados a la construcción, lo que obligó a las empresas del sector a ajustar su capacidad productiva.
La expectativa de la industria está puesta en que los proyectos energéticos y mineros impulsen una nueva demanda de infraestructura, tubos, estructuras metálicas y otros insumos. Sin embargo, los tiempos de ejecución son más lentos de lo previsto y las empresas todavía no perciben ese efecto en sus niveles de actividad.
A esa situación se suma otro factor que preocupa al sector: la competitividad. Maglieri señaló que las dificultades no pasan únicamente por cuestiones internas a las compañías, sino por factores externos donde se arman “cuellos de botella”. Esto significa, puntualmente, falta de infraestructura, costos energéticos, impuestos, aranceles, e ineficiencias logísticas que hacen complejo mantener un esquema exportador competitivo.
En ese sentido apuntó que, incluso para empresas que operan tanto en Brasil como en la Argentina, la integración regional continúa siendo compleja. “A veces es más complicado sacar un producto de una planta acá y llevarlo a Brasil, o viceversa, que traerlo de China”, sostuvo.
“Uno llega a la puerta de la planta con un producto competitivo. Después se suman el flete local, los costos portuarios, los impuestos, los derechos de exportación y el transporte marítimo. Cuando llega a destino perdió competitividad”, ejemplificó.
La discusión sobre cómo recuperar competitividad fue compartida por la empresa del agro BASF y por Suzano, la mayor productora mundial de celulosa.
“Durante los últimos años fuimos pilotos de tormentas y nos olvidamos de que estábamos jugando una carrera. Ahora, con un nuevo modelo económico, hay que redefinir la competitividad”, dijo Matías Guido Martin, director general y financiero de BASF Argentina.
En ese sentido, sostuvo que el desafío pasa por construir condiciones de largo plazo y aprovechar la agenda de desregulación impulsada por el Gobierno. “Hay que pensar la competitividad como una propuesta holística. No se puede ver como aspectos separados”, señaló.
Por su parte, Iván Espósito, CEO de Suzano, remarcó que la mirada debe estar puesta en Asia, donde se concentra buena parte de la demanda global futura pero además gana mayor penetración en el mercado argentino tras la apertura económica.
“Asia termina siendo el gran desafío de muchas industrias y es lo que hay que mirar”, afirmó Espósito, quien destacó además que la Argentina cuenta con ventajas competitivas derivadas de sus condiciones naturales.



