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Tras haber pasado más de dos décadas en grandes corporaciones químicas y alimenticias, Tomás Silicaro tomó la decisión de dejar de vender soluciones tradicionales para intentar desarrollar las que, según él, la industria todavía no tenía. Esto implicaba reemplazar buena parte de los químicos derivados del petróleo por alternativas naturales y más eficientes.
Cinco años después, aquella apuesta se convirtió en Bioeutectics, una startup de química verde -nacida en Mendoza- que ya acumula 11 patentes presentadas, 14 productos aprobados y casi u$s 5 millones levantados.
Actualmente, la compañía opera entre la Argentina y Estados Unidos, mantiene proyectos comerciales en Europa y Asia y trabaja con más de 30 clientes distribuidos en más de 20 países.
Una startup que nació entre videollamadas
Era 2020. El mundo estaba paralizado por el Covid-19. En ese escenario, Silicaro, participaba del programa de creación de empresas Grid Exponential, una iniciativa de aceleración que conecta a científicos con expertos en negocios para transformar investigaciones en empresas globales.
Su carrera se había construido entre el comercio exterior, las cadenas globales de suministro y las industrias químicas, alimenticias y agropecuarias.
Con formación en Negocios, un MBA del IAE y estudios de especialización en Harvard, asegura que conocía de primera mano cómo funcionaban los engranajes de esos sectores. Pero también había identificado una limitación que se repetía una y otra vez: la falta de alternativas naturales que pudieran competir, e incluso superar, a los ingredientes tradicionales.

“Muchas veces la industria es demonizada, pero la realidad es que usaba determinados químicos porque no tenía alternativas que funcionaran. Yo entendía el problema porque había vendido esos productos durante años, pero ya no quería ser parte de eso. Quería ser parte de la solución”, enfatiza.
Durante el programa conoció a quienes luego se convertirían en sus socios: María Fernanda Silva, hoy directora de Seguridad de la compañía, y Federico JV Gómez, responsable del área tecnológica.
Convencido del potencial de la iniciativa, GRIDX decidió inyectar u$s 200.000 en el proyecto. Con ese respaldo, en febrero de 2021 los fundadores constituyeron formalmente Bioeutectics.
La compañía ya estaba puesta en marcha pero los socios todavía no se conocían en persona. Como tantas otras historias nacidas en pandemia, la relación se construyó primero a través de videollamadas. El primer encuentro cara a cara llegó recién en agosto de ese año, cuando las restricciones sanitarias comenzaron a flexibilizarse.
La meta de Silicaro estaba claramente definida. No se trataba de una simple alternativa a los solventes tradicionales.
El emprendedor buscaba crear una plataforma capaz de transformar la manera en que se desarrollan ingredientes para múltiples industrias.
La diferencia es significativa. Mientras un solvente convencional suele estar compuesto por una sola molécula derivada del petróleo, los sistemas desarrollados por Bioeutectics pueden integrar hasta diez materias primas dentro de una misma red molecular. Esa complejidad hace que los productos sean mucho más difíciles de replicar.
Uno de sus desarrollos más avanzados es un ácido hialurónico capaz de mejorar hasta ocho veces el rendimiento de las formulaciones tradicionales.
Gracias a la tecnología eutéctica, el ingrediente logra una mejor penetración y desempeño, al tiempo que reduce drásticamente los tiempos de disolución e incorporación en las fórmulas, que pasan de requerir horas de procesamiento a apenas unos minutos.
El salto global
Para 2022, la startup fue seleccionada por IndieBio New York, una de las aceleradoras biotecnológicas más reconocidas del mundo, que sumó otros u$s 525.000.
No obstante, el gran salto ocurrió a fines de 2023, cuando cerró una ronda por u$s 2,1 millones con participación de fondos estadounidenses e inversores chilenos.
Meses después, en marzo de 2024, parte del equipo se instaló en Tulsa, Oklahoma, donde montaron una planta productiva y un laboratorio propio. En 2025 llegó una nueva ronda puente por cerca de u$s 2 millones.
Así, el financiamiento acumulado alcanzó los u$s 5 millones y la compañía ya trabaja en el cierre de una Serie A para acelerar su expansión.
Según cuenta Silicaro, el cambio fue inmediato. Apenas tres meses después de mudarse a Tulsa, Bioeutectics cerró un piloto de u$s 500.000 con un cliente que llevaba meses evaluando la tecnología.
“Éramos exactamente las mismas personas que en Argentina, pero estar acá generó otro nivel de confianza”, resume.
Aunque Estados Unidos concentra gran parte de sus operaciones, Europa emerge hoy como el mercado más atractivo para el crecimiento. La compañía ya realiza pilotos pagos en Francia, España, Japón, Indonesia, Brasil, Colombia y Estados Unidos, entre otros mercados.
La compañía espera cerrar este año con ingresos cercanos al millón de dólares. Y para el próximo, proyecta quintuplicar esa cifra. ¿La fórmula? Tiene más de 30 desarrollos en pipeline, incluyendo versiones mejoradas de vitamina C, melatonina, resveratrol, péptidos y ceramidas.
Silicaro sueña convertir a Bioeutectics en una plataforma global de química sustentable capaz de transformar múltiples industrias y reducir la dependencia de compuestos petroquímicos. ¿El sueño? Ser ‘la Nvidia de la biotecnología’.







