La histórica fábrica láctea, La Salamandra, tiene nuevos dueños desde hace dos años. En 2024, Javier Semino, productor tambero durante 20 años, compró la planta que le perteneció a Cristóbal López y fundó, junto a sus dos hijas, la empresa familiar Milagros del Sol.
Tras la compra, la familia avanzó con la reestructuración de la fábrica. Con una inversión cercana a los u$s 150.000, reparó maquinaria y recuperó parte de las instalaciones para retomar la producción.
La Salamandra fue fundada en 1991 por Javier González Fraga -expresidente del BCRA- y llegó a convertirse en una de las marcas de dulce de leche más reconocidas del mercado local. Pero el negocio empezó a sufrir durante la convertibilidad. El impacto del uno a uno sobre las exportaciones deterioró la competitividad de la compañía y terminó afectando uno de sus principales mercados.
Diez años después, Fraga decidió dejar la compañía y le cedió el negocio a su cofundadora, Cristina Miguens, hija de María Luisa Bemberg y miembro de la familia que continuó el legado de Otto Bemberg, fundador de Cervecería Quilmes. Finalmente, en 2011, Miguens le vendió la firma a Cristóbal López en una operación valuada en u$s 7 millones.
A través de Indalo Alimentos, López adquirió La Salamandra y destinó cerca de u$s 60 millones para ampliar y modernizar la operación. Sin embargo, en paralelo a los conflictos que atravesaba su autopartista Paraná Metal, el negocio lácteo comenzó a verse afectado por el aumento de costos y la pérdida de competitividad.
Acorralado por el contexto, cerró la planta dos años después, tras aducir que el negocio se había vuelto insostenible por el aumento de costos y la creciente inflación. Se trataba de una de las productoras de dulce de leche de mayor prestigio en el mercado local y con fuerte inserción en el exterior. También contaba con unidades orientadas a la producción de aceite de oliva y cordero patagónico.
La empresa tenía 34 empleados que, luego de un procedimiento preventivo de crisis, quedaron suspendidos por falta de producción. Después de un año con la planta cerrada, la firma se transformó en una cooperativa de trabajo hasta su posterior venta.
“Compramos la fábrica que estaba en manos de una cooperativa y prácticamente abandonada por falta de capital. Hoy hacemos todo manual. Hay muchas empresas que fabrican los quesos únicamente con máquinas, nosotros lo hacemos de manera artesanal”, explicó Sol Semino, dueña de la fábrica.

Una nueva estapa
Actualmente, la compañía ubicada en Exaltación de la Cruz (Provincia de Buenos Aires) emplea a 30 personas y elabora diariamente 10.000 kilos de dulce de leche y 3000 kilos de queso.
Con el negocio ya consolidado, Milagros del Sol apunta a crecer fuera del mercado local. En ese sentido, proyecta comenzar a exportar sus productos a Brasil, los Estados Unidos, España y México.
“Estamos haciendo los trámites para empezar a exportar. Registramos la marca en los países donde nos están pidiendo nuestros productos para empezar a comercializarlos apenas nos salga la habilitación”, dijo Semino.
Para ello, aumentará su producción en un 50% con la incorporación de un nuevo turno de trabajo. El objetivo es que las ventas al exterior representen el 40% de su producción total.



