Luces y sombras, entre el gradualismo y las reformas macro a mitad de camino

Inflación, déficit fiscal y atraso cambiario están entre los principales desafíos de la economía argentina en 2018. Las reformas en curso y el gradualismo.

La economía argentina está mejor que hace dos años, empieza a mostrar indicadores positivos en variables clave como inflación, crédito y producción en ciertos sectores, aunque aún está lejos del desempeño que esperan empresarios, trabajadores y la sociedad en su conjunto.

En el marco del 10° Encuentro de los Líderes, organizado por El Cronista, Apertura e Infotechnology, el panel dedicado a analizar la coyuntura económica y los desafíos que enfrenta el país de cara a 2018, giró en torno a la velocidad de los cambios y las reformas aún pendientes. Miguel Kiguel, director ejecutivo de Econviews, y José Luis Espert, titular de Espert Consultoría Macroeconómica, coincidieron en que la economía argentina crecerá entre 3% y 4% en los próximos años, pero destacaron que el déficit fiscal aún es elevado y lo seguirá siendo por un tiempo, la competitividad está afectada por el atraso cambiario, y la inflación está bajando pero todavía sigue siendo demasiado alta. El panel, moderado por el director periodístico de El Cronista, giró en definir el momento. "Claramente estamos mejor que en 2015, se removieron las trabas más importantes, hoy tenemos una economía más normal", señaló Miguel Kiguel y en ese sentido consideró positivos la salida del default, la reactivación del crédito, incluso el hipotecario, que no haya restricciones cambiarias y que hoy hay más facilidades para exportar e importar.

Señaló que a partir de las elecciones del 22 de octubre se abrió una segunda etapa en la economía, para la que se requieren "incentivos de largo plazo para la inversión y la generación de empleo". Valoró el gradualismo, aunque precisó que "no es un camino libre de riesgos". Al respecto, aclaró que "vamos a seguir con aumentos de tarifas, inflación y la necesidad de bajar el gasto público".

Por su parte, José Luis Espert, advirtió sobre las recurrentes crisis, rebotes, deterioro de las variables y nuevas crisis o ajustes que tuvieron lugar en las últimas tres décadas, pasando por la crisis de 1989, el rebote de ocho años entre 1991 y 1998, estancamiento de 1999 al 2001, la gran crisis de 2001/02, seguida por una recuperación entre 2003 y 2011. Pero desde 2012 a 2016 hubo un proceso de estanflación y recién ahora se ven los brotes verdes. "Con el ajuste de (el presidente) Macri, la Argentina va a rebotar y va a tener varios años de crecimiento económico", señaló Espert y afirmó que 2017 será el primero de ellos.

Consultado sobre la política antiinflacionaria que lleva adelante la autoridad monetaria, Espert indicó que "es peligroso que el Banco Central no cumpla con la meta de inflación" y recomendó: "Si no quieren bajar más el déficit fiscal, hay que cambiar el enfoque, abandonar el inflation targeting e ir por ejemplo a metas de agregados". Respecto del nivel de inflación, Espert aseguró está en línea con "el promedio de los últimos once años" y sólo es más alta que la registrada en 2008, 2014 y 2016.

En cuanto al proyecto de reforma impositiva que fue enviado al Senado, Espert recordó que en promedio Ingresos Brutos representa el 70% de la recaudación de las provincias, pero el 60% del gasto se destina a pagar salarios, por lo que "es muy poco probable que baje Ingresos Brutos, porque sería blanquear la inviabilidad del empleo púbico".

De Goñi preguntó si la reforma impositiva es suficiente para encaminar la cuestión fiscal, frente a lo cual Kiguel destacó que está bastante bien orientada aunque "nos pega a los individuos y favorece a las empresas" y alegó que "no alcanza para bajar el déficit fiscal".

Ambos disertantes coincidieron en que dada la composición del gasto público consolidado, Nación, provincias y municipios, es muy difícil bajar el déficit, dado que una parte importante se destina a jubilaciones y empleos estatales, y otra porción relevante va para obras públicas, necesarias para atender el fuerte déficit de infraestructura que tiene el país. El Gobierno está motorizando estas obras para mejorar la competitividad de la economía argentina, como la infraestructura vial, ferroviaria y portuaria. Sin dudas, un escenario complejo.

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