

En un contexto económico como el argentino 2026, donde generar demanda dejó de ser una opción para convertirse en una cuestión de supervivencia, el marketing volvió a estar en el centro de la escena. Las empresas necesitan vender más. Necesitan vender mejor. Necesitan vender ahora.
Y cuando la necesidad es urgente, el mercado se llena de soluciones mágicas.
Ahí aparecen los “garketineros”.
No son marketineros. Son vendedores de ilusión táctica. Venden promesas de viralidad, fórmulas de crecimiento exponencial en 30 días, embudos que facturan solos y automatizaciones que supuestamente reemplazan la estrategia. Hablan mucho de métricas, pero poco de negocio. Mucho de alcance, pero poco de rentabilidad.
En épocas de presión comercial, el humo encuentra terreno fértil.
El problema no es el marketing. Es la superficialidad.
El marketing serio es una disciplina estratégica. Define posicionamiento, construye marca, genera percepción de valor y crea demanda sostenible en el tiempo.
El “garketineo”, en cambio, vive del corto plazo.
Cómo reconocerlo
Se obsesiona con:
- Likes
- Alcance
- Reels virales
- Seguidores
- Palabras de moda
Pero rara vez puede responder a una pregunta básica:
¿Cómo impacta esto en el margen, en el flujo de caja o en la posición competitiva de la empresa?
Cuando el marketing se desconecta del negocio, se convierte en entretenimiento caro.
Cómo diferenciar un buen marketinero de uno malo
Hay algunas señales claras.
1. El bueno habla de negocio. El malo habla de tendencias.
Un profesional serio entiende costos, márgenes, segmentación, propuesta de valor y ciclo comercial. No te vende herramientas. Te diseña estrategia.
El oportunista te habla de la última plataforma de moda.
2. El bueno mide impacto. El malo mide vanidad.
Una buena estrategia mide:
- Costo de adquisición
- Conversión real
- Retorno sobre inversión
- Lifetime value
El garketinero mide vistas.
Y las vistas no pagan sueldos.

3. El bueno incomoda. El malo te halaga.
El marketing estratégico muchas veces implica decisiones difíciles: redefinir público objetivo, ajustar precios, mejorar producto, cambiar procesos.
El vendedor de humo nunca cuestiona tu modelo. Solo promete amplificarlo.
4. El bueno construye marca. El malo busca viralidad.
La viralidad es un efecto, no una estrategia.La marca es una construcción paciente.
En un país inestable, la marca es uno de los pocos activos que protegen rentabilidad.
5. El bueno piensa en demanda sostenible. El malo vende atajos.
El marketing real construye pipeline constante.El marketing superficial genera picos artificiales.
Y los picos no sostienen estructuras.
¿Qué define una buena estrategia de marketing en 2026?
En el contexto actual argentino, una buena estrategia tiene cinco pilares:
- Claridad de posicionamiento: saber para quién sos relevante y para quién no.
- Propuesta de valor diferenciada: competir por algo más que precio.
- Integración con ventas: marketing y comercial no pueden vivir separados.
- Métricas de negocio, no solo de comunicación.
- Coherencia en la experiencia: lo que prometés debe cumplirse en el producto o servicio.
Hoy más que nunca, marketing no es estética. Es estrategia.
El riesgo real
El problema no es que existan oportunistas. El problema es que muchas empresas, presionadas por resultados, prefieren creer en soluciones mágicas antes que hacer el trabajo estructural.
Pero la demanda real no se fabrica con humo. Se construye con coherencia.

En tiempos de crisis, la diferencia entre una empresa que sobrevive y una que desaparece no es cuánto pública. Es cuánto entiende su negocio.
Cuidado con los “garketineros”.
En un mercado que necesita vender, el marketing serio es un aliado estratégico. El humo, en cambio, siempre termina disipándose.



