American Airlines (AA) había logrado mantenerse como la única compañía aérea importante de los Estados Unidos en evitar declararse en quiebra luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 que provocaron fuertes pérdidas a toda la industria aérea global. Por lo menos lo fue hasta ayer cuando, afectada por altos y crecientes costos operativos y un fuerte pasivo cercano a los u$s 30.000 millones, terminó por acudir a los tribunales norteamericanos para solicitar la protección del famoso Chapter 11 de la ley de quiebras de ese país, una figura similar al concurso preventivo local.

Se trata de una de las empresas más emblemáticas de Estados Unidos, ubicada en el tercer puesto del podio mundial de compañías aéreas, con vuelos a más de 260 ciudades de 50 países incluyendo Argentina, y que transporta a 105 millones de pasajeros por año.

Su decisión de recurrir a la justicia de su país para evitar la quiebra es similar a la que tomó otro gigante corporativo norteamericano como General Motors a mediados de 2009 cuando, afectada por la crisis global.

Ayer, el comité ejecutivo de American Airlines siguió el mismo camino. Presentó ante el Tribunal de Quiebras para el Distrito Sur de Nueva York una solicitud de protección judicial para reorganizar sus operaciones, afectada por años de encarecimiento de los combustibles y por una serie de demandas de sus empleados.

La primer consecuencia de esta solicitud fue la renuncia de su comité de dirección, incluyendo al de su matriz AMR. Su director general, Gerard Arpey, renunció y fue reemplazado por Thomas Horton, quien estará a cargo de la reestructuración.

El pedido también afectó a sus acciones que cayeron 83,9%, a 26 centavos de dólar, en medio de más de una decena de suspensiones en sus cotizaciones.

En sus primeras declaraciones, Horton aclaró que AA continuará con normalidad sus vuelos, seguirá vendiendo pasajes como hasta ahora y mantendrá sus rutas habituales. Es una decisión difícil, pero es el camino necesario y correcto para convertirnos en una compañía eficiente, financieramente más fuerte, y competitiva, agregó.

El ejecutivo explicó además que la empresa debió acudir al Chapter 11 para reducir costos ante la debilitada economía global y la volatilidad y encarecimiento del precio de los combustibles y los gastos salariales.

Según su relato, reproducido por agencias de noticias, en los últimos cinco años AA debió soportar una suba del precio promedio del combustible del 50% para ubicarse actualmente en los u$s 3 por galón (3,79 litros).

También destacó que sus costos laborales le obligan a gastar u$s 600 millones más que otras aerolíneas.

Frente a este escenario, algunos analistas estiman que buscará reducir sus vuelos en especial hacia destinos no rentables dentro de los Estados Unidos, así como a eliminar puestos de trabajo y reducir salarios.

Para financiarse en el corto plazo, la compañía posee un cash flow de u$s 2.000 millones que, de acuerdo a sus voceros, le permitirá asegurar un suministro ininterrumpido de productos y servicios. Los fondos se emplearán para pagar salarios, cobertura de salud y vacaciones al personal; continuar con los programas de viajeros frecuentes; abonar contratos de suministro de combustible; y honrar los acuerdos interlíneas.

De todos modos, algunos medios estimaron ayer que una de las razones que llevó a AA a buscar una reestructuración judicial fue el fracaso a comienzos de mes en su intento por llegar a acuerdo con los pilotos para reducir sus sueldos.