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Una recorrida por 1000 años de arte occidental a través del mayor museo de Sudamérica

A punto de cumplir 120 años de vida, el Museo Nacional de Bellas Artes lo celebra con una exhibición de 1150 de sus 12.119 obras. La muestra ya se ha convertido en el mayor atractivo turístico de la Ciudad de Buenos Aires

En la Navidad de 1896, en lo que hoy son las Galerías Pacifico (Av. Córdoba y Florida), se inauguraba nuestro Museo Nacional de Bellas Artes. El director fue el pintor y escritor Eduardo Schiaffino, a quien vemos agotado luego de la inauguración, contemplando la obra de Angel Della Valle ,‘Corrida de Sortija en día patrio’, que le había prestado el Dr. Pedro Lagleyze para dicha muestra. El patrimonio era bastante pobre, sólo 163 obras y nada para destacar. Pero 15 años después ya tenían 3715 obras y se habían mudado a la Plaza San Martin. Hoy, su colección es de 12.119 obras, y de ellas hay 1150 en exhibición que se encuentran custodiadas y cuidadas por 135 funcionarios y empleados.
La entrada es gratuita y hay que felicitar al Director, quien se maneja con un bajísimo presupuesto de $ 51 millones (u$s 3 millones). El Museo se encuentra abierto de martes a domingos en el cómodo horario de 11 a 20 hs., y es en mi opinión el mayor atractivo turístico de la ciudad, por delante, incluso de la gastronomía y el tango.
Su recorrido permite ver casi 1000 años de arte occidental. Cuando entramos nos podemos dirigir a la izquierda y disfrutar de la Sala Hirsch, generosa donación del inolvidable Mario Hirsch y su familia. Allí podemos disfrutar del retrato de la hermana de Rembrandt. Continuamos y nos encontramos con el ‘San Francisco en oración’ de Zurbarán, uno de los preferidos del Cardenal Bergoglio. Existe también una sala con lindísimas obras de Francisco de Goya. Luego nos recibe Rodin y su estupendo ‘El Beso’ realizado en yeso y obsequio por parte del artista al director por la compra de un importante mármol.
El arte italiano también tiene lugar. Luce con una vista de Venecia del maestro Favretto. Luego tenemos ‘La Ninfa Sorprendida’ de Eduard Manet, una de sus primeras obras importantes. Y qué decir de la sala impresionista. Es maravillosa con Monet; Pisarro; Renoir; Morisot; Toulouse; Lautrec; Sisley. También un temprano Van Gogh en París; un fabuloso Gauguin de Tahití y mi escultura soñada, la niña y el perro de Paul Troubetzkoy. Si seguimos recorriendo llegamos a Bourdelle; Rodin y la donación de Mercedes Santamarina, con mi obra preferida que es el gran pastel de Edgar Degas, una de sus obras cumbres. Continuamos con Sorolla; Anglada-Camarasa y ya aparecen nuestros precursores, Prilidiano Pueyrredón y Cándido López.
En el primer piso, nos topamos con una completa visión del Arte de los Argentinos y obras europeas que dialogan con ellas. Un mármol fabuloso de Alberto Lagos; dos Torres García; varios Figari; Barradas y Xul Solar de la donación de María Luisa Bemberg. También un Paul Klee fuera de serie; una gran obra de Pablo Picasso; importantes obras de Pettoruti y Guttero, y un muy bien colgado el autoretrato de Foujita, de gran inspiración para la obra parisina de Guttero. Siguen el yeso de los equilibristas de Pablo Curatella Manes, creo, la obra cumbre de la escultura argentina.
Ahora hay una exposición sobre Ernesto de la Cárcova. Realizó pocas obras, no obstante, nos deslumbra con ‘Bodegón al aire libre’, la mejor de todas. Luego se encuentra la sala de Quirós y Fader, con una luz de penumbra. Los tres Fader son fabulosos y de los cuatro Quirós, pienso que podrían ser cambiados por ‘Lanzas y Guitarras’, su obra cumbre que está enrollada en el depósito. Posteriormente, llegamos a la gran sala de Antonio Berni.
Una lindísima escultura de Henry Moore; obras de Libero Badii; un bellísimo Ben Nicholson; una obra de Carlos Silva que nos hace ver el infinito con sus puntos, y una escultura hídrica de Gyula Kosice, (se trata de mover una palanquita que permite el desplazamiento del agua).
Enseguida nos encontramos con la nueva Figuración; Noe; Deira; Maccio y De la Vega. Y si subimos al segundo piso hay una pequeña muestra con obras que estuvieron en la primera, hace tanto como 120 años, donde podemos destacar el Mendilaharzu y una pequeña Manuelita Rosas, que Prilidiano presentó a quienes le encargaron el gran retrato. Verán que le objetaron el vestido que es claro y no rojo punzó como correspondía. El año pasado, más de 510.000 personas visitaron el museo. Creo que deberían ser más, ya que es el centro de arte mas importante de Sudamérica.
Gracias a todos los que cuidan y nos permiten disfrutar del lindísimo Museo Nacional.