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Un homenaje exprés a Kosice en el Museo de Bellas Artes

A cinco meses de su partida, el museo rinde tributo a un artista fundamental para el arte argentino. Son 20 piezas clave donde se destacan las esculturas que combinan agua, luz y movimiento.

Un homenaje exprés a Kosice en el Museo de Bellas Artes

La historia del arte argentino no puede contarse sin mencionar a Gyula Kosice. A poco de su partida, el Museo Nacional de Bellas Artes presenta una retrospectiva que aunque breve, ocupa solo dos salas del primer piso, permite dar un pantallazo a la extensa, variada y avanzada producción del artista.

De origen checoslovaco, Kosice arribó a la Argentina con cuatro años y si bien tuvo la oportunidad de radicarse artísticamente en París optó por Buenos Aires donde vivió hasta su muerte. Desde muy joven perfiló sus inquietudes hacia las antípodas de la norma. Rechazó la figuración y se embarcó en un camino de polidimensionalidad que no abandonaría el resto de su vida.

La exposición está compuesta por veinte obras desde su etapa madí –su primer gran quiebre- hasta trabajos muy recientes, pasando por maquetas de la Ciudad Hidroespacial que pensó y sus clásicas hidroesculturas.

 

“Una cosa que siempre decimos en relación a Kosice es que hay que tratar de ponerse en su cabeza”, sugiere el curador Rodrigo Alonso para abordar la muestra. Se refiere a los quiebres de los que participa a lo largo de su vida, como la fundación del Grupo Madí a mediados de los ’40 junto a Rhod Rothfuss y Carmelo Arden Quin en el que las obras con marco recortado serán su sello distintivo. Un poco antes ya había llamado la atención con una escultura articulada, el Röyi, que abre la muestra en el Bellas Artes.

Bajo el paraguas madí experimenta incorporando tubos de luz de neón a sus trabajos. “Su gran desafío siempre fue materializar la imposible. Qué más imposible que darle forma a la luz”, explica Alonso.

Agotado el movimiento madí, la década del ’50 lo encontró trabajando en obras que se convertirán en su carta de presentación: las hidroesculturas. Cada pieza encierra elementos complejos, que se diluyen y modifican su forma, como el agua, la luz, el reflejo, el movimiento y las burbujas. Las esculturas de Kosice cobraban vida.

Sus experimentaciones con la energía y la influencia de la carrera espacial en la que se embarcan Estados Unidos y la Unión Soviética en los ‘60 lo acercan a lo extraterritorial al tiempo que despiertan su lado urbanista. Empieza a pensar una Ciudad Hidroespacial donde las personas caminan por los anillos de los planetas. Su proyecto quedará plasmado en bocetos y maquetas que también forman parte del homenaje.

En los siguientes años el germen del urbanismo cala profundo en él y concibe obras monumentales para ser exhibidas en espacios públicos. El nuevo siglo lo encuentra experimentando con espejos, LEDS y sonidos.

Los trabajos de Kosice se exhibieron alrededor de todo el mundo, desde Tokyo hasta Nueva York, pasando por las principales capitales artísticas de Europa y Latinoamérica. En 2005 se dio el lujo de abrir el Museo Kosice en lo que fue su taller. La mayoría de las piezas que se exhiben en el Bellas Artes provienen de allí.

Kosice trabajó hasta los últimos días. Falleció a los 92 años el pasado 25 de mayo, mucho tiempo después de haber ingresado a la historia del arte argentino. 

Gyula Kosice 1924-2016. Exposición homenaje puede visitarse en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. Del Libertador 1473, hasta el 23 de diciembre con entrada libre y gratuita. 

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