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Nueva York, de ciudad cosmopolita a la capital mundial del arte

Una gran cantidad de museos y galerías convierten a la ciudad más cosmopolita en una verdadera sede global de la pintura. Desde el MOMA, hasta el nuevo Met Breuer

Hace unos días disfruté como nunca de esta extraordinaria ciudad, que tiene como gran atractivo sus museos y galerías. El MOMA deslumbra con su colección permanente, que arranca con los puntillistas Seurat y Signac, continúa con un bellísimo Henri Rousseau y luego su colección única de Picasso, Pollock y Brancusi, pasando con el mago del color que es Henri Matisse.
En la Neue Gallery de 5ta Avenida y calle 80 estaba la exposición de Edvard Munch. Colosal y con filas para ver ‘El Grito’, el pastel que el coleccionista Mr. Negro pagó u$s 120 millones. Colas también para el estupendo restaurant vienés que tiene este museo, repleto de obras de Klimt y Schiele.
En tanto, el Metropolitan Museum es indescriptible y sus colecciones son algo nunca visto. Hay 60 salas de arte antiguo, con obras deslumbrantes de Rembrandt, Vermeer, Rubens y todas las grandes figuras del arte universal.
Una colección impresionista fabulosa con salas especiales par Van Gogh; Renoir; Cézanne; Monet; Manet; Degas; Courbet y esculturas de Rodin y Maillol. Su sector de arte contemporáneo es también fuera de serie.
En tanto, el American Wing permite conocer lo mejor del arte norteamericano, con Sargent y Chase como figuras indiscutidas. Por su parte, el nuevo Museo Whitney en Chelsea, es un moderno y práctico edificio con amplios ascensores donde trepás al quinto piso y luego vas bajando conociendo lo mejor del arte moderno americano y con vistas maravillosas del río Hudson. Hace 50 años se inauguró la primera sede de este museo en Madison Avenue y calle 75. Fue una revolución para el barrio que contaba con edificaciones clásicas y que de pronto tuvo una mole de cemento que ocupaba casi media manzana. Fue creación del arquitecto austríaco Marcel Breuer, que generó polémicas durante décadas pero que finalmente quedó integrado como un clásico de la ciudad. Hace 18 meses que cerró sus puertas con una memorable retrospectiva de Jeff Koons y se mudó a su nueva sede. El MET lo ha alquilado por ocho años, con opción de renovación y lo ha restaurado de manera extraordinaria, respetando hasta las luminarias originales. Desde hoy podemos visitarlo. La idea es mostrar las amplias colecciones modernas del Metropolitan que están en depósito, pero con buen criterio la primera exposición es realmente original ya que representa más de 600 años de arte occidental, con 197 obras inacabadas. Algunas por la muerte del artista. Otras por conflictos políticos o por la muerte del modelo y otras simplemente porque el autor no quiso continuar con ellas. Hasta septiembre, podremos ver la muestra que arranca con un Leonardo Da Vinci, de una bella mujer simplemente abocetado y cuya sonrisa quizás supere a la Mona Lisa. También con obras de Tiziano de 1570 y un Bassano inacabado de 1582 por la muerte del artista; un Tintoretto majestuoso y obras de Rembrandt y Rubens; un delicioso retrato de Mengs de 1775 donde todo esta terminado menos la cara de la noble modelo. Un Turner que parece una pintura abstracta; cuatro Picasso; un Van Gogh de los últimos meses de su vida antes de suicidarse, donde el cielo deja ver aún el lienzo en blanco; algunos Manet. Mi preferido es una autorretrato de Lucien Freud que me recuerda un David que está en el Louvre, donde se puede ver sólo la cabeza de Napoleón, que enojado con el artista dejó de posar. Esta exposición permite conocer de qué forma ejecutaban sus obras los artistas y en el orden que lo hacían, si dibujaban o no el lienzo, si hacían los detalles antes que el fondo y mil observaciones más. Hay que festejar la dinámica de los museos neoyorquinos. En la Frick Collection hay también una memorable retrospectiva del gran retratista que fue Antony Van Dyck y sobresale su autorretrato donde quizás podamos ver las manos mejor pintadas de la historia. Si además visitamos alguna de las doscientas galerías que hay en la ciudad, deberemos concluir que esta ciudad es la capital del arte y también de su mercado, pienso que la mitad de lo que se vende en el mundo, tiene su origen en Manhattan. En todos los museos hay estupendos restaurantes y confiterías y Sotheby’s, con buen criterio, en el último piso de su sede ha incorporado a Sant Ambroeus, un típico café milanés, con el mejor café de la ciudad y con paninis que nos permiten terminar una buena jornada de arte. Sin duda I LOVE NY y su arte.