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"Necesitamos reconciliarnos con el futuro"

El exsecretario de Energía ahonda sobre la transición energética que experimenta la Argentina y el primer año de gestión Cambiemos en esta materia. La contractualización del mercado, el precio del petróleo, la integración regional y el rol de YPF, entre otros.

Para que la energía deje de ser parte del problema económico, y se erija en el instrumento de desarrollo económico y social que nos debemos, tenemos que consolidar una estrategia de largo plazo, terminar de resolver el tema de las señales de precio, reinsitucionalizar el sector, y terminar con los subsidios generalizados y tener un set focalizado en los que realmente lo necesitan". Tal es el análisis del ex secretario de Energía Daniel Montamat, y una de las reflexiones que desarrolla en su libro Energía: De rehén del corto plazo a estrategia de desarrollo, recientemente publicado por Editorial El Ateneo.

- ¿Qué diagnóstico hace de la situación energética actual?
Ha pasado un año de la nueva administración, que recibió un paciente energético en terapia intensiva y con pronóstico reservado. El sector sigue en crisis, pero se han sentado las bases de una serie de transformaciones estructurales en las que, ahora, habrá que avanzar para consolidar tendencias y entrar a ver resultados.

- ¿Modificaría algo de este año de gestión?
Mejoraría la comunicación de ciertas cuestiones. Por ejemplo, yo hubiera sido mucho más explícito y terminante en plantear la situación que se recibió. También, avanzar más rápidamente en la contractualización del mercado.
Uno de los problemas que hemos tenido en la Argentina energética es el péndulo: los fundamentalistas del mercado no asignando ningún rol específico al Estado y los estatistas, que eliminan los mercados. Tenemos que entender de que, en la solución del problema energético, mercado y Estado son complementarios. Para que los mercados entren a reestablecer su operatoria, es importante que operen los contratos. Entonces, yo iría liberando a la contractualización muchas más decisiones. Dejemos que la demanda entre a vertebrar los negocios con la oferta, tanto en gas como electricidad.

- ¿Qué opinión le merecen las declaraciones de Paolo Rocca sobre fijar un precio de referencia del gas en Vaca Muerta de u$s 7-7,5 el millón de BTU, y de u$s 4 para la industria?
Creo que fue un poco sacado de contexto. Lo que dijo es que necesitamos resolver el tema del gas. En eso coincide conmigo: el epicentro del problema es el tema del gas natural. Para ello, dice, en principio se necesitan dar señales de precios que sean contundentes para inversiones. Entonces, dice: "Demos un precio por 5 años de 7,5". En eso, puedo tener cierta divergencia. Creo que deben darse precios que reflejen el costo de oportunidad, pero no fijos.
Yo imaginé que Rocca quiso expresar esto. Si enterramos capital, después vamos a tener un precio competitivo para la industria que no puede estar mucho más allá de u$s 4-5 y esto es posible en la medida en que desarrollemos nuestro potencial, que se hagan las inversiones. Yo no ví su planteo como concomitante, sino en dos tiempos. Uno de la inversión. Cuando esta madure y se traduzca en producción, el gas compite por cuenca y podemos ir a u$s 4-5, que es competitivo.

- ¿Coincide con Aranguren en que el precio local del petróleo debe tender al internacional?
Eso casi está quedando en una discusión que va a devenir abstracta, porque los precios internacionales están subiendo. En la Argentina hay que considerar paridad de importación, es decir, cuando se habla de un WTI de 52, se debe agregar u$s 6 para venir al país. Bueno, tenemos el barril criollo de más calidad, el Medanito, en 63; el de menos, el Escalante, en 54. La idea del Gobierno es ir convergiendo para que el primero se ubique en u$s 55 y el segundo llegue hasta u$s 47, garantizar ese precio mínimo. De todos modos, si el precio internacional está por encima de esos valores, liberar el mercado a la competencia. Así que es muy probable que una de las noticias del 2017 sea que retomemos las referencias internacionales (en flujo y producto), que -para el funcionamiento del mercado y los riesgos asociados- es bueno.

- En los años ’90, en Carta Petrolera, planteaba la integración regional como solución a muchos de los problemas energéticos. ¿Sigue pensando así?
Sí, claro. Nos hemos privado de entender que escala regional para la energía se traduce en mayor competencia y cooperación. Si estuviéramos integrados a un mercado regional, donde ofertas y demandas regionales interactuaran, daríamos escala a las inversiones, resolveríamos complementariedad de recursos y se intensificaría la cooperación. ¿Sabés cuál es el problema de la integración energética y la integración en general? Yo hablo del teorema de las tres R: redes de interconexión, recursos complementarios y -la tercera R, que es donde fallamos- reglas en común. Eso es lo que nos hace falta. Empezar a discutir cierto paquete mínimo de reglas que todos respetemos para que los mercados puedan tener escala regional. Los problemas energéticos siempre es mejor resolverlos en escala regional que autárquicamente.

- ¿Existe algún factor técnico que haga difícil la integración?
Para nada. El tema es, de nuevo, avanzar en reglas en común. No son factores técnicos, sino políticos. La técnica está resuelta.

- ¿Qué rol debería tener YPF en el nuevo escenario energético?
Creo que en un mercado nacional competitivo, YPF va a ser un actor importante por su peso relativo. Pero un actor que juegue en una cancha nivelada con otros actores privados, mixtos y del Estado. Además, tiene un desafío a futuro: internacionalizarse, ampliando su portafolio de inversiones a oportunidades que le ofrezca el mundo. En ese sentido, como empresa comercial privada, puede ser una suerte de nave insignia de un proyecto de desarrollo argentino hacia el exterior.

- ¿Qué lecciones considera que nuestra historia energética nos demanda aprender?
La energía tiene que ser un capítulo de una estrategia de desarrollo social y económico que el país se debe. Y porque no ha tenido una exitosa, la energía entró en el péndulo que ha tenido la Argentina. La reducción al absurdo de ese péndulo fueron los últimos años, cuando el sector quedó entrampado en el corto plazo. Entonces, el resumen es: argentinos, necesitamos reconciliarnos con el futuro. En energía, esto es transformarla en un proyecto de desarrollo que aún nos debemos. Si no, va a ser difícil reconciliar la energía con el futuro y el país va a seguir siendo pendular. Y en el mundo nos van a admirar por lo que hemos logrado en términos, no de crecimiento, sino de destruir potencial.
María del Pilar Assefh