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La reaparición del gran Damien Hirst, en Venecia y con obras por u$s 50 millones

El artista británico ofrece una exposición en la ciudad italiana, con 200 obras que se distribuyen en la Dogana (Aduana) y el Palacio Grassi, ambos espacios propiedad de François Pinault, dueño de Christie’s

por  IGNACIO GUTIÉRREZ ZALDÍVAR

Especial para El Cronista
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‘Medusa de Jade’, una obra de arte que parece extraída de las profundidades marinas

‘Medusa de Jade’, una obra de arte que parece extraída de las profundidades marinas

Reaparece el artista británico de 51 años con un espectáculo que supera lo que es una exposición normal. Hasta diciembre y coincidiendo con la Bienal de Venecia, con dos espacios emblemáticos de la más bella ciudad del mundo, nos encandila con 200 obras que ha ideado en los últimos nueve años. Tanto en la Dogana (Aduana), como en el Palacio Grassi (ambos propiedad de François Pinault, dueño de Christie’s entre otros bienes), se distribuyen las obras cuya producción se estima en un costo de u$s 50 millones, hay obras de 18 metros de altura y de cuatro toneladas de peso, tanto en bronce, como mármol, jade, lapislázuli, oro, plata, granito, aluminio y poliéster.

La historia tiene un guión que comienza con unos buzos rescatando piezas de un buque en las costas de Zanzíbar, proyecto de rescate que entre otros financió el artista en 2008. Cuenta la ‘leyenda’ que el mismo era de un esclavo, Cif Anotan II, quien liberado amasó una gran colección de obras de arte y las trasladaba para colocarlas en su palacio en el buque Apistos, también llamado ‘El Increíble’, que se hundió. La muestra se centra en la idea de los Tesoros del Naufragio y a partir de dicha idea recrea piezas que pudieron estar en el mismo hace 2000 años. Luego de ver los videos sobre lo ocurrido en el rescate, se recorre lo que la imaginación de Damien Hirst nos quiere narrar a partir de una producción digna de Hollywood. En casi 5000 m2 se distribuye su imaginación, sueños, hallazgos y conflictos.

Es uno de los mayores artistas contemporáneos. Fue apoyado desde joven por Charles Saatchi, publicista y coleccionista, quien le financió una de sus obras emblemáticas, un tiburón australiano, introducido en una caja vidriada en formol. Su producción costó u$s 100.000 y hace unos años el coleccionista Stephen Cohen lo pagó u$s 8 millones y lo dio en préstamo al Metropolitan Museum.

Animales e insectos son una constante en la obra de Hirst. Recientemente se hizo una estimación que dice que ha usado casi un millón de los mismos, peces, carneros, ovejas, toros, novillos, tiburones, mariposas y muchas moscas también. En la muestra sobresalen los corales que forman algunas piezas o están pegados a los bronces que presenta. Desde hace tres décadas todo lo que hace Hirst está rodeado de un gran motor mediático.

En 2008 decidió comercializar directamente sus obras sin intermediación de sus marchands Gagosian y White Cube, y vendió u$s 200 millones en obras inéditas en subasta de Sotheby’s, justo el día de la crisis de las finanzas en Estados Unidos. En 2012 realizó una retrospectiva en la Modern Tate Gallery que recibió más críticas que elogios. Ahora nos sorprende con nuevas obras que se están comercializando entre u$s 500.000 y u$s 5 millones. De la mayoría hay 5 copias para que nadie se quede con las ganas. A partir de la historia que ha creado, nos lleva a la incredulidad cuando vemos que algunas de las presuntas ‘antigüedades’ tienen el rostro de la modelo Kate Moss o de la cantante Rihanna, y al final se nos aparece Mickey Mouse y toda la novela nos muestra su interés por jugar con una historia y llevar a la muestra al carácter de un espectáculo.

El kitsch es una constante de este artista que podrá no gustarnos, pero sin duda es un creador original y diferente a la mayoría. Busca permanentemente sorprendernos, no sólo genera obras diferentes sino que les agrega una historia, y comparte sus creaciones con exposiciones en lugares únicos, como lo son estos dos palacios venecianos, donde jamás se hizo una exposición de un solo artista en conjunto. Venecia nos espera con su Academia, la colección Guggenheim, el Ca’ Pesaro, el Ca’ Rezzonico, el Ca’ d’Oro y esta mega de Damien Hirst. Luego vienen el descanso y los Bellini en Harry’s Bar.