ASEGURAN QUE EL AUMENTO DEL TRIBUTO INTERNO IMPACTAR EN VENTAS Y HAR BAJAR LA RECAUDACIÓN

Guerra del alcohol: nuevos impuestos redefinirán el mercado y ya se pelean los cerveceros y las bodegas

Mientras buscan frenar el alza de Internos, la cerveza y las espirituosas piden igualdad de condiciones con el vino. Las bodegas, sin cambios, se defienden

La decisión de reimpulsar el aumento del impuestos internos a la cerveza reforzó lo que hasta ahora era una pelea por cuotas de mercado en la que los "populares", como se autodefinen los cerveceros, ganan terreno a los "nacionales" de las bodegas desde hace unos.

El sector cervecero denunció que con el dictamen del martes en el Congreso, queda en situación de desventaja frente al vino y es "discriminado". En tanto, las bebidas espirituosas, que habían sido las únicas que seguían con el alza, piden quedar fuera, pero al menos ven una situación "más equilibrada": denunciaban competencia desleal con la cerveza, ya que le compite a los tragos.

El vino es el único que continuará exento, y defiende su lugar por ser un "alimento", bebida nacional, con valor agregado, no industrial, que se bebe en la mesa familiar, entre otros sitios.

Desde lo formal, ambos sectores no buscan atacar a otras bebidas, pero todos defienden sus posiciones aferrados a las copas.

Los cerveceros y los productores de espirituosas aseguran que, de concretarse la reforma, caerá el consumo y, con ello, también la recaudación. También destacan que se potencia el comercio ilegal y el contrabando, con un perjuicio para la salud.

Los cerveceros, que tributan 8% de impuesto interno y con el cambio pasarán al 17%, dicen ser discriminados. "Tenemos casi un tercio de la graduación alcohólica del vino y el champán, pero a nosotros nos aumentan y a ellos no. La Organización Mundial de la Salud recomienda gravar a bebidas alcohólicas según su graduación, algo que no es tenido en cuenta. Si se traslada al precio, caería 7% el consumo, sobre 17 millones de hectolitros, es mucho, en un sector que emplea a 8500 personas", destacó Alejandro Berlingeri, director Ejecutivo de Cerveceros Argentinos, la cámara de las grandes empresas de la bebida. Y denunció que se promueve la venta ilegal y que conspira contra el blanqueo de las pequeñas firmas cerveceras.

El vino, en tanto, se defiende. Logró un cambio a la reforma inicial para quedar exento. Una de las empresas del sector, a través de Bodegas de Argentina, destacó que los mayores países vitivinícolas no gravan al vino y los espumantes (o lo hacen en menor medida), como España, Portugal, Italia o Francia. Aseguró, además, que la cerveza es una bebida industrial (salvo las artesanales, que no llegan al 5% del total); "controlan su ciclo productivo sin dependencia del clima y no cuentan con una cadena de valor tan vasta y atomizada como el vino". En el país "hay una alta concentración en el mercado cervecero, a diferencia del vino, más atomizado".

José Alberto Zuccardi, presidente de la Unión Vitivinícola (UVA), se centró en defender al vino. "Es un producto agrícola, de alto valor agregado; un alimento con beneficios para la salud, de nuestra cultura, que se bebe en la mesa familiar; no tiene que ver con el exceso, pese a tener más alcohol. Otras bebidas industriales quieren ponerse en el lugar del vino, es injusto, no son comparables", destacó Zuccardi.

Las espirituosas, en tanto, intentan frenar la suba de 20% a 29% y que implicará, dicen, una pérdida de consumo de 30% en dos años. "No apuntamos contra la cerveza, pero ahora al menos se compensa la pérdida de competencia, la situación es más equilibrada; por ocasión de consumo, compite con los tragos, que al ser mezcla también tienen baja graduación", explicó Guillermo Padilla, presidente de la Faiba, que nuclea a espirituosas. "En lo fiscal, el impacto sería negativo al caer las ventas; tampoco es por un tema de salud: se beben sólo 5 litros per cápita de espirituosas, es bajísimo", dijo. Y explicó que "alentará la falsificación y el contrabando de productos sin controles sanitarios".

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