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Eurnekian: "Da tristeza la decadencia de los últimos 85 años"

La visión de Eurnekian es crítica sobre la Argentina de los últimos 100 años, Lo atribuye a vaivenes políticos y económicos. Asegura que se dejó de ser un referente de la cultura para ser un país con mala educación. Y de tener una economía fuerte, a no tener infraestructura, desarrollo ni industria

Eurnekian:

A los 83 años, Eduardo Eurnekian es uno de los hombres de negocios más importantes del país. Referente del mundo corporativo, transcurrió en su vida comercial por varias etapas. Al igual que la Argentina.

Por eso en este reportaje hace notar las falencias que tiene la Argentina en varias materias como educación e infraestructura. También cuestiona la capacidad de las sucesivas administraciones que se vinieron prestando el Sillón de Rivadavia para generar políticas de estado perdurables pese a los recambios de gobierno y de signos políticos. Sobre el rol de los empresarios, advierte que cuando la política marcó rumbos claros, fueron capaces de acompañar el progreso.

–¿Cómo llega la Argentina, económica y políticamente hablando, a las celebraciones de estos primeros 200 años?

–Puedo decir que a estos primeros 200 años que estamos por cumplir como nación llegamos en democracia y eso no es poco si tenemos en cuenta la cantidad de años dramáticos años vividos desde 1930 a 1983. Sin embargo, está más que claro que si comparamos la Argentina del Centenario con la actual Argentina del Bicentenario, da tristeza ver la decadencia que hemos sufrido durante los últimos 85 años. En todo ese período dejamos de ser el faro de la cultura de Latinoamérica para convertirnos en uno de los países con peor educación del continente. También dejamos de ser una de las economías más importantes del mundo para terminar siendo una nación sin infraestructura, ni industria ni desarrollo.

–Usted plantea aspectos que se perdieron en casi un siglo. Pero siempre se habla de que el país tiene todo para ser potencia, pero que este escenario nunca termina por concretarse. ¿En este escenario, qué considera entonces que le falta a la Argentina para ser un país desarrollado?

–Para que un país sea desarrollado debe tener continuidad en sus procesos políticos. Es más, estos procesos políticos a su vez posibilitan la integración social a través de la educación y el crecimiento competitivo de su economía.
–

Educación y crecimiento competitivo de la economía no parecen haber estado en el radar entonces. De hecho, ¿cuál estima que son los motivos por los cuales nunca se logra ese objetivo y podría definir los hechos positivos y los negativos que hicieron los empresarios hasta ahora?
–Le puedo enumerar varias razones. Por caso, la falta de continuidad en el proceso democrático y la carencia de grandeza entre los gobernantes son dos que al final resultaron en la incapacidad de las sucesivas administraciones para generar políticas de estado perdurables. Esto pese a los recambios de gobierno y de signos políticos que hubo en todos estos años. Nadie podría haber hecho esta crítica en los festejos del primer Centenario, ya que, como dije antes, en los primeros 100 años sí hubo políticas de estado, lo cual repercutió en una continuidad que permitió un bagaje educativo que colocó a la Argentina entre los países más desarrollados del mundo.

–En todos los debates del sector corporativo a los que me toca asistir como periodista se hace referencia a la necesidad de crear una cultura empresaria para acompañar las decisiones del Estado. Mi pregunta es precisamente por qué no se ha logrado desarrollar esa premisa hasta ahora...

–Lo que ocurre es lo siguiente. Cuando la política marcó rumbos claros, los empresarios siempre fueron capaces de acompañar el progreso de la economía argentina. Y siempre lo hicieron con el espíritu emprendedor característico de nuestro pueblo, generando desarrollos de avanzada en los ámbitos industriales, comerciales y de servicios. Pero a partir del golpe militar del 30, las políticas erráticas que se sucedieron en la Argentina no permitieron darle continuidad a esa senda. En cuanto a lo que usted pregunta sobre el rol de los empresarios, mi respuesta es que no tienen ni deben tener el poder político, que debe ser ejercido por la clase política. El empresario, cuando vota, es uno más que vota. Pero en este marco, creo que el gran defecto de los empresarios es no haber sido capaces de organizarnos en una sola voz ante los gobiernos.

–Otra de las palabras que habitualmente se usan para describir la realidad del país es la desigualdad social, las diferencias entre los que más tienen y los que menos tienen. En este sentido, ¿me puede definir a su criterio qué hay que hacer para superar las diferencias?

–En cuanto a esto mi opinión es que la igualdad de oportunidades proviene de la educación y del trabajo. Por consiguiente, estoy convencido de que es el Estado el que debería garantizar las condiciones para que la educación volviese a ser lo que fue, También para que el sector empresario pudiese generar la actividad económica y estabilidad que permiten la creación de trabajo genuino.
–

Pero mas allá de las falencias que usted marca en la construcción social, política y económica de la Argentina y a punto de cumplir sus primeros 200 años y después de haber atravesado diferentes etapas, ¿cree usted que está consolidada la democracia tras la última dictadura militar de 1976?
–

Las experiencias vividas y en especial los horrores de la última dictadura militar a la que usted hace referencia en su pregunta nos han generado los anticuerpos necesarios para que los argentinos evitemos cualquier ruptura del orden institucional. De todos modos, también considero que debemos aprender a tener respeto por las decisiones electorales y no dejarnos llevar por estados anímicos circunstanciales. El sistema de partidos políticos está en crisis no sólo en Argentina sino en muchas de las democracias más desarrolladas. Y es en este marco que le toca a los sectores políticos reformar las organizaciones partidarias para que éstas puedan ser consideradas representativas en momentos que la tecnología hace instantánea la información y comunicación.

–En los últimos años, la corrupción ha sido un eje central de preocupación de la sociedad. Diría que en casi todos los años que tiene la Argentina como nación. Estos días, con todas las causas que se abrieron a ex funcionarios del gobierno anterior así lo demuestra. ¿Es posible superar alguna vez ese karma? En todo caso, ¿cómo se puede superar, si es que se puede?

–Lo que sé es que hay que superarlo. Un país en estado de corrupción es un país en involución y disolución. Si queremos tener una nación tenemos que terminar con el problema de la corrupción, cuya consecuencia más visible es la desintegración social y la pobreza.

¿Y en ese sentido, entonces a qué políticos y empresarios considera como determinantes en este país del Bicentenario?

En su primer siglo de historia, la Argentina tuvo un sinnúmero de personalidades políticas. Todas fueron determinantes para la construcción de nuestra nación. Pienso en Bernardino Rivadavia; Juan Bautista Alberdi; Domingo Faustino Sarmiento; Carlos Pellegrini; Julio Argentino Roca; Bernardo de Irigoyen, entre otras figuras fundamentales. Pero así como el Siglo XX tuvo en Arturo Frondizi a un visionario, así también tuvo un sinnúmero de políticos determinantes en la destrucción sistemática de los valores republicanos que hoy debemos reconstruir.

–La Argentina es un país cíclico en muchos sentidos. En los institucional, en lo económico y en lo político, más que nada. Se pasa de un modelo a otro sin tener en cuenta lo positivo que se hereda. ¿Es este escenario una fotografía de nuestra identidad que no se podrá cambiar o en algún momento podremos ser un país estable por siglos?

Como dije en alguna de las preguntas anteriores que usted me formuló, para evitar ser cíclicos deberíamos sostener en el tiempo aquellas políticas de estado para las áreas que hacen a los fundamentos de una nación: sus valores, sus instituciones, su cultura, su sistema educativo. Con eso y respetando los tiempos y modelos constitucionales, haremos de la Argentina una gran nación.