EL CIERRE DE LAS EXPORTACIONES COMPLICA LAS OPERACIONES DE LA EMPRESA GOURMET

Cristóbal López analiza el futuro de su marca de dulce de leche La Salamandra

Evalúa desde su venta, discontinuar la producción o solicitar auxilio oficial a través del uso de alguno de los procedimientos laborales previstos para empresas en crisis

Empresarios cercanos al Gobierno como Cristóbal López, Alejandro Ivanissevich, Gerardo Ferreyra, Osvaldo Acosta y hasta el mismo Lázaro Báez vienen sufriendo también, como el resto de los hombres de negocios del país, las consecuencias del escenario recesivo que vive la economía argentina.
Y muchas de sus empresas se encuentran complicadas además por las medidas más polémicas adoptadas por el Gobierno durante todos estos años como el cepo cambiario, el cerrojo a las exportaciones y a las importaciones y la imposibilidad de girar divisas al exterior, sólo para citar algunos ejemplos.
En los últimos tiempos, la profundización de los problemas macroeconómicos, sumados al default, han creado un explosivo combo cuyas consecuencias son empresas que congelan inversiones, frenan la producción y hasta suspenden y reducen personal.
Actualmente, Cristóbal López es uno de esos referentes del mundo de los negocios estrechamente vinculado al entramado kirchnerista a quien le toca sufrir en carne propia los efectos negativos de las políticas oficiales. Además de tener conflictos en su autopartista, Paraná Metal, el hombre también ligado a los negocios vinculados con los juegos de azar, analiza por estas horas qué hacer con La Salamandra. Se trata de una de las productoras de dulce de leche de mayor prestigio en el mercado local y con fuerte inserción en el exterior. También cuenta con unidades orientadas a la producción de aceite de oliva y cordero patagónico. Entre las variantes se encuentran ponerle el cartel de venta, cerrar la empresa o solicitar auxilio al Gobierno a través de alguno de los procedimientos de crisis previstos por el Ministerio de Trabajo para empresas que atraviesan situaciones complicadas.
A través de Indalo Alimentos, López compró la empresa en septiembre de 2011 por u$s 7 millones, dinero que fue a parar a las arcas de Cristina Miguens, hija de la cineasta María Luisa Bemberg y una de las herederas del grupo Bemberg que comandó las riendas de la cervecería Quilmes durante muchos años. Cristina Miguens, a su vez había heredado La Salamandra del economista Javier González Fraga, con quien había compartido el nacimiento de esta marca en 1979.
Tras incluirla bajo el paraguas de su pool de activos, el plan de López era sumar dulce de leche premium a los aceites y otros alimentos que elabora con la marca Indalo. También pensaba en incrementar la producción de la compañía y encarar un proceso de expansión internacional, con la apertura de locales en varios países como Brasil, pero haciendo foco principal en Estados Unidos, más precisamente en Miami. En ese país tenía un acuerdo con Williams & Sonoma, cadena especializada en la venta de productos alimenticios de lujo.
López se imaginó además el desarrollo de una cadena de bares con el nombre La Salamandra y hasta llegó a abrir un local en la zona porteña de Palermo Hollywood bajo el nombre de Dulce de Leche & Mozzarella Bar, que ya dejó de existir.
El sitio especializado Dbizers.com.ar, señalan que el empresario tiene una oferta firme de un fondo del exterior y dos de empresarios locales. Al respecto, fuentes cercanas al negocio admitieron a El Cronista que el hombre que posee la mayor red de casinos y salas de juego del país estudia variantes para La Salamandra. De hecho, estaría negociando con el Gobierno la solicitud de algún procedimiento preventivo de crisis que le permita reducir su estructura. Aunque también aseguran que no tiene intenciones de vender la marca pero aclaran que si aparece una oferta tentadora podría cambiar de opinión. Agregan que evalúa cerrarla y volver a reabrirla en un mejor momento de la economía local. Y explican que el mayor problema que hoy sufre la compañía deriva de las restricciones impuestas por el Gobierno a las exportaciones. Las ventas al exterior están casi cerradas, se tarda mucho en recibir la autorización para exportar, advierten en su entorno. Y agregan que una vez liberado el embarque, los contenedores llegan a Estados Unidos con mercadería a la cual le faltan sólo 15 días para su fecha de vencimiento. Por lo tanto, el precio de venta se reduce enormemente, haciendo que el negocio deje de ser inviable.
En el caso del mercado interno, la competencia es tan grande que tampoco las cuentas cierran a la hora de pensar en reorientar las exportaciones al consumo interno. También existe una ecuación de divisas ya que no es lo mismo vender en pesos que recibir dólares por los potes de dulce de leche de esta marca nacida en 1991, plena época del uno a uno con la moneda norteamericana. La Salamandra posee una planta a 90 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, entre Luján y Capilla del Señor, LLegó a colocar gran parte de su producción de dulce de leche gourmet en 25 países y también se posicionó como una marca relevante en el mercado local, donde el consumo de dulce de leche ronda los tres kilos por habitante y por año. La empresa también produce quesos artesanales de cabra y helados.

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