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Belleza y armonía: Raúl Soldi, el pintor religioso más importante de la Argentina

Figura del arte nacional, 50 obras de su propiedad se subastan todos los años con valores que parten en u$s 60.000, y con un promedio de u$s 15.000 por obra. Se decía creyente pero no un fanático religioso

La familia de Raúl Soldi, nacido en un conventillo en el centro de la Ciudad de Buenos Aires en 1905, estaba relacionada desde siempre con la música. De hecho, su padre fue el violoncellista en el estreno del Teatro Colón, tres años después de su nacimiento. Ya a los 15 años de edad, se publicaron algunos de sus dibujos que eran inspirados en la obra de Cesáreo Bernaldo de Quirós y de Benito Quinquela Martín, quien copiaba de la revista Caras y Caretas.
Con 18 años, Soldi viajó a Italia donde decidió que su futuro sería la pintura. Allí estudia en Milán, en la famosa Academia di Brera, y su primera exposición fue en esa localidad junto a Lucio Fontana. Luego de ocho años de estudios vuelve a la Argentina y realiza también algunas esculturas en aluminio y comienza a trabajar como escenógrafo en Argentina Sono Films, donde realizó más de 600 escenografías para las más exitosas películas argentinas.
En su casa no tenía cortinas porque decía que había realizado tantas en su trabajo que no quería ni verlas. Volvía a su hogar a las 18 horas y pintaba con la pequeña iluminación de una lámpara de 25 watts. Por eso los críticos llaman a ese periodo como el rosa del autor.
Soldi fue de los artistas más premiados de la historia del arte de la Argentina. De hecho, obtuvo galardones en la Bienal de San Pablo, Palanza y Salones Nacionales y Provinciales, que lo ayudaron a abandonar su trabajo y poder dedicarse a pintar todo el día.
Durante 23 veranos pinta la Capilla de Glew donde ahora podemos ver sus mayores 60 obras en la Fundación Soldi, que se encuentra allí (su teléfono es 02224-420121 y su correo electrónico info@soldi.com.ar). Siempre contaba que esas obras nunca nadie las quiso comprar.
Expuso en la Galeria Wildenstein de París y desde hace 25 años realizamos exposiciones de sus obras en Zurbarán y he tenido el honor de escribir tres libros sobre su vida y obra.
Con 60 años, realiza un monumental fresco en la Basílica de la Anunciación en Nazaret, lugar donde se estima que nació Jesús. Otra de sus obras cumbres es la cúpula del Teatro Colón, de 380 metros de superficie, que realizó sobre lienzo y que durante un mes pegó en el teatro, no son frescos como generalmente se dice.
Una de sus obras integra la colección del Vaticano y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en los principales museos están sus obras. En 1992 inauguramos en el Palais de Glace la mayor exposición de su obra con 210 pinturas y fue visitada en 66 días por 402.000 personas. Recorríamos la misma en un carrito de golf, ya que Raúl no podía caminar y el mismo fue bautizado "Soldimóvil" por la gente.
Dos años después fallece y desde entonces todos los años hay una exposición recordándolo. Son sus figuras lo más reconocido de su obra, pero debo reconocer mi fanatismo por sus paisajes, de pincelada libre y suelta. Fue un hombre encantador, humilde y profundo, logró como nadie armonía y belleza en toda su trayectoria.
Siempre ha sido figura del mercado de arte local. Unas 50 obras se subastan todos los años y sus valores van desde los u$s 60.000, con un promedio de u$s 15.000 por obra. Ha sido el pintor religioso más importante de nuestro país. Era creyente, pero no "fanático", según me decía. Y sencillo, como todo gran hombre.

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