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Alexander Calder, el escultor más ‘taquillero’ de los Estados Unidos

Es uno de los artistas más valorizados del Siglo XXI. Todos los años se subastan 500 obras y 60 esculturas. Recauda u$s 120 millones en ventas cada año

Nacido en 1896 en Filadelfia, su vida transcurrió entre Europa y Nueva York. Su abuelo y su padre fueron escultores y su madre pintora, ejemplo de relación genética en el arte. Ya a los cuatro años modeló un elefante en arcilla. Se resistió a estudiar arte y se dedicó al estudio de ingeniería mecánica, la cual le sirvió mucho en su tarea de artista. Comienza sus estudios con pintores en Manhattan cuando contaba 25 años. Sus primeros trabajos son pinturas, grabados, esculturas en madera y arcilla, también joyas y hasta juguetes, como también realizó en la misma época el uruguayo Joaquín Torres García. Conoce en 1928 a Joan Miró, con quien no sólo entabló una profunda amistad sino que es el artista más relacionado con su obra. Recuerdo una estupenda exposición de ambos en un invierno en Washington que era una belleza de integración entre los dos artistas (Phillips Collection). Su primera escultura destacada fue realizada a sus 30 años. Fue hecha con alambre y lleva el nombre de Josephine Baker, la famosa dama de ébano. Marcel Duchamp es el primero que califica como ‘móviles’ a sus obras en la exposición de París de 1931. Trabajaba los mismos en hierro, acero, aluminio y los pintaba y policromaba, tomando como referencia los colores puros de Piet Mondrian a quien admiraba. De esta manera dio movimiento a las obras del holandés. Son formas abstractas, que al estar sostenidas por un hilo, producen movimiento y efectos de luz y sombra magníficos. También realizó otras obras, generalmente monumentales, llamadas ‘stábiles’ que son en hierro y pintadas, estáticas, que carecen de movimiento y que marcaron a toda una generación de escultores del Siglo XX. En París, cuando realizaba juguetes en madera, trapos, goma y alambre, creó sus famosos ‘circos’, que le dieron gran fama. El más conocido se encuentra en el Museo Whitney de Nueva York. También creó joyas y hasta pintó los aviones de Braniff con su particular estilo que no recuerdan a nadie, sino sólo a él. Con 45 años ya era un artista consagrado con una exposición retrospectiva en el MOMA de Nueva York. Fue amigo y admirado por Picasso, Léger, Arp, Mondrian y todos los grandes artistas de su época. Es uno de los artistas más valorizados en el mercado del arte del Siglo XXI. Sus precios han subido un 600%. Todos los años se subastan unas 500 obras. De ellas, 250 son grabados (que se pagan unos u$s 1500 promedio); unas 90 son acuarelas y dibujos (algunos han llegado a pagarse u$s 200.000). También se venden 10 coloridos tapices realizados en base a sus pinturas en u$s 50.000 promedio. Hay además unas 60 esculturas y móviles todos los años. Este año se están pagando los mayores precios por ellas, con nuevos compradores del Japón y de China que han subido mucho sus precios. Un gran móvil se ha pagado u$s 18 millones y por sus esculturas estáticas hay que hablar de u$s 5 millones. Ahora hay cinco en exposición y venta en Gstaad, Suiza en un parque. Cerca de u$s 120 millones recauda la venta de sus obras en subastas cada año y es junto con Giacometti, Modigliani, Brâncu, Moore y Rodin, uno de los escultores con mayores precios. No conocemos obras del artista en la Argentina.