En las calles, en los departamentos recién estrenados y hasta en los supermercados, se siente un cambio silencioso pero profundo: los jóvenes están reescribiendo las reglas del consumo.

No es un fenómeno menor. Según proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), hacia 2030 México tendrá más de 40 millones de personas entre 15 y 29 años, una masa crítica que marcará el pulso de la economía. Y lo harán con un chip distinto al de sus padres.

El cambio de hábitos es palpable en el consumo de bebidas. Los estudios internacionales revelan que la Generación Z bebe, en promedio, un 20% menos de alcohol per cápita que los millennials o los baby boomers. Lo que antes era un rito de integración social hoy se reemplaza por un consumo más consciente: aguas minerales, bebidas funcionales y energéticas.

Este giro plantea un desafío para la industria de la cerveza y los destilados: ¿cómo cautivar a una generación que ya no se siente identificada con la narrativa del exceso?

También hay un cambio profundo en la educación. Los jóvenes buscan aprendizaje inmediato, flexible y digital.

Plataformas como MéxicoX, ofrecen cursos gratuitos en línea, mientras que universidades como el Tecnológico de Monterrey destacan que las tendencias educativas hacia 2026 apuntan a un aprendizaje continuo, personalizado y tecnológico. No esperan títulos largos para todo; prefieren certificaciones rápidas, seminarios online y programas que respondan a necesidades concretas.

Los cambios también se perciben en los espacios donde viven. La Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI) señala que los jóvenes buscan departamentos pequeños, bien ubicados y sostenibles. No quieren casas amplias en las periferias, sino espacios compactos que les permitan independencia y movilidad. El sueño de la vivienda familiar tradicional se transforma en un estilo de vida urbano, minimalista y conectado. Para las desarrolladoras inmobiliarias, esto significa repensar su modelo: menos metros cuadrados, más diseño inteligente.

Y si antes la compañía natural era un hijo, en muchos casos hoy lo es una mascota. El mercado de alimentos y servicios para animales de compañía en México alcanzó los u$s 5,400 millones en 2024, con proyecciones de superar los 8,270 millones en 2033, creciendo a una tasa anual de 4.85%.

Perros y gatos se convierten en parte de la identidad juvenil, en sustitutos emocionales de la familia tradicional. Esto abre un abanico de oportunidades: desde alimentos premium hasta seguros médicos, hostales, spas y souvenirs para mascotas.

Otros sectores también sienten la presión de esta nueva generación. La banca enfrenta clientes que exigen productos digitales, transparentes y flexibles. La industria alimentaria observa cómo crece la demanda de opciones veganas y orgánicas, modificando los anaqueles en los supermercados. La movilidad urbana se redefine con bicicletas, scooters eléctricos y transporte compartido. Todo apunta a un mismo lugar: los jóvenes no solo consumen distinto, también piensan distinto.

Para las empresas, este panorama no es un simple cambio de hábitos: es un nuevo mapa de negocios. Implica repensar productos, rediseñar estrategias y, sobre todo, escuchar. Escuchar a una generación que exige coherencia, sostenibilidad y experiencias auténticas.

Las compañías que se atrevan a innovar en función de estos valores estarán en la primera línea del futuro. Las que se aferren a las viejas fórmulas, quedarán relegadas a un pasado que ya no conecta.