

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) endureció las reglas de liquidez para las Sociedades Financieras Populares (Sofipos) con el objetivo de que cuenten con más recursos disponibles para responder cuando sus clientes retiren sus ahorros, incluso en periodos de tensión financiera, mediante un nuevo estándar alineado con las recomendaciones internacionales de Basilea III.
La autoridad explicó que las disposiciones vigentes habían quedado desactualizadas frente a la evolución del sector financiero, por lo que incorporó un Coeficiente de Cobertura de Liquidez, un indicador que medirá si las Sofipos cuentan con suficientes activos líquidos de alta calidad para hacer frente a sus salidas de efectivo durante un periodo de 30 días.
En términos prácticos, la medida busca que las entidades tengan una mayor capacidad para responder a los retiros de dinero de sus clientes sin poner en riesgo su operación, además de fortalecer la estabilidad del sector y facilitar la supervisión por parte de la CNBV.
Las Sofipos deberán actuar si baja su liquidez
Con las nuevas reglas, las Sofipos deberán calcular mensualmente su nivel de liquidez y reportarlo a la CNBV. Si el indicador cae por debajo de los niveles establecidos, la autoridad podrá ordenar medidas correctivas que van desde presentar planes para recuperar su liquidez hasta restringir nuevas operaciones o suspender el pago de dividendos, dependiendo de la gravedad del caso.
Además, cuando una entidad detecte eventos extraordinarios que puedan afectar su capacidad para cumplir con sus obligaciones de corto plazo, deberá informar a la Comisión y presentar las acciones que implementará para recuperar su posición financiera.
Cambios serán graduales
La resolución entrará en vigor el 1 de enero de 2028 y se aplicará de manera escalonada. Durante 2028 las Sofipos deberán cumplir con un nivel mínimo de liquidez de 80%; en 2029 el requisito aumentará a 90%, y a partir de 2030 deberán alcanzar el estándar definitivo de 100%.
Con esta reforma, la CNBV busca que las Sofipos estén mejor preparadas para enfrentar episodios de estrés financiero y reducir el riesgo de que los ahorradores enfrenten problemas para disponer de sus recursos cuando los necesiten.



