

Mérida.- Mientras las inversiones en inteligencia artificial alcanzan cifras que hace pocos años parecían imposibles, buena parte de las empresas todavía no consigue traducir esa tecnología en productividad. Para Michael Tchong, fundador de la firma de prospección, Ubertrends, esa brecha no es solo un problema tecnológico, sino una cuestión de liderazgo.
El analista de tendencias, quien participó en el evento Púrpura Summit —que reunió a expertos para discutir el impacto de la IA en las empresas—, sostiene que las compañías siguen utilizando la IA de manera superficial, principalmente para tareas administrativas o personales, mientras la verdadera transformación implica cambiar la forma en que se toman decisiones y se organiza el trabajo.
“La mayoría del uso de ChatGPT es para temas domésticos y reservas de viajes. Eso demuestra que las empresas todavía no entienden cómo usar la IA de manera eficiente y efectiva. Por eso vemos tantas estadísticas que señalan que los negocios no están obteniendo el retorno de inversión (ROI) prometido”, afirmó Tchong en entrevista con El Cronista.
La velocidad con la que avanza la tecnología también está modificando la escala con la que se construyen compañías de IA. Durante su presentación, Tchong contrastó el tiempo que distintas empresas necesitaron para alcanzar una valuación de u$s 65,000 millones de dólares: IBM tardó alrededor de 150 años, Taiwan Semiconductor 39 años y Anthropic apenas cinco.
Para el analista de tendencias tecnológicas, esta aceleración obliga a los directivos a replantear incluso su propio papel dentro de las organizaciones. La capacidad de delegar tareas en sistemas de inteligencia artificial dejará de ser una ventaja para convertirse en una condición para competir.
“Las máquinas trabajan más rápido de lo que los humanos pueden procesar. Un CEO debe aprender a delegar en la máquina, aunque no sea algo que desee hacer. La realidad es dura: o te conviertes en un ‘AI CEO’ o en el futuro terminarás reportándole a un CEO de inteligencia artificial”, sostuvo.
La carrera por la IA también tiene un riesgo financiero
El crecimiento de la inteligencia artificial no solo está acelerando la adopción tecnológica. También está alimentando una carrera de capital en torno a las empresas que desarrollan los modelos y sistemas que podrían definir la siguiente etapa de la economía digital.
Tchong considera que el volumen de recursos que está entrando al sector ya plantea señales de alerta.
“Un billón de dólares en inversiones volcadas a un mercado que algún día podría ajustarse o desaparecer es, en verdad, una burbuja. Necesita ser moderada y controlada mejor”, advirtió.
El analista, sin embargo, no considera que detrás de estas valuaciones exista únicamente especulación. La competencia por desarrollar inteligencia artificial general (AGI) y sistemas de agentes autónomos está impulsando una carrera tecnológica en la que las empresas buscan adelantarse a sus competidores antes de que se defina quiénes serán los ganadores.
El problema, desde su perspectiva, es que la velocidad del capital puede terminar alejándose de la capacidad real de las compañías para generar retornos.
El empleo, la otra cara de la productividad
La discusión sobre el impacto de la IA también comienza a desplazarse de la eficiencia empresarial hacia el mercado laboral. Para Tchong, el principal riesgo en el corto plazo no será que las máquinas sustituyan de inmediato a todos los trabajadores, sino que las empresas utilicen la tecnología para elevar sus márgenes y reducir costos.
“La mayor amenaza es la pérdida de empleo. La codicia corporativa dictamina el desempeño y ya no se piensa en la gente con la misma prioridad. Por eso, el llamado de atención es entrenarse y capacitarse para el futuro”, señaló.
Pero la transformación también puede abrir oportunidades para mercados que no cargan con estructuras empresariales tan pesadas como las de las economías desarrolladas.
Tchong considera que países de América Latina, incluido México, pueden participar en esta nueva etapa si consiguen aprovechar su talento tecnológico y adoptar rápidamente nuevas herramientas.
“Cualquier país es capaz de producir una visión revolucionaria en esta ola de tecnología. Tienen el dinero, los ingenieros y, a diferencia de Silicon Valley, no tienen que preocuparse por proteger ingresos heredados”, concluyó.
Para el fundador de Ubertrends, la ventaja competitiva de la próxima década no estará necesariamente en las empresas que tengan más empleados o mayores estructuras, sino en aquellas capaces de coordinar mejor a personas y sistemas de inteligencia artificial.




