

La supervivencia de las empresas familiares en México y América Latina enfrenta un panorama crítico. Según León Harari, CEO de Axxets Wealth Management México, históricamente más del 80% de estos negocios no logran superar la tercera generación o mueren durante ese proceso. La falta de profesionalización y la mezcla de sentimientos con la gestión operativa son los principales detonantes de esta estadística.
En entrevista con El Cronista, Harari profundizó en los obstáculos que impiden la trascendencia de estos activos y cómo el concepto de “confianza” es, paradójicamente, la semilla del problema.
Si bien la naturaleza de la empresa familiar nace de la necesidad de colaborar con el círculo más cercano, lo que inicia como una fortaleza se convierte en una debilidad cuando los valores y reglas del patriarca se trasladan de forma idéntica a la oficina, sin considerar la evolución del mercado.
“Es más fácil jalar a mis hijos, a mi papá, a mi hermano y no buscar si al que voy a traer sale bueno o sale mal”, explica Harari. Aunque eso no siempre es lo mejor.
Los 3 errores críticos en la sucesión
Axxets, con 16 años en el mercado y presencia en 10 países de la región, ha identificado tres problemas recurrentes que llevan a las familias a buscar asesoría cuando ya se encuentran en crisis:
- Ceguera y sordera selectiva: Harari destaca que muchos fundadores son incapaces de reconocer las limitaciones de sus herederos. “Queremos ver que nuestros hijos son buenos para el negocio. El niño no sabe ni sumar y yo creo que va a ser el director general porque es mi hijo”. El gran obstáculo es que el papá no quiere aceptar que su hijo quizás no tiene el perfil para el cargo.
- Confusión de roles y finanzas: Es común que no exista distinción entre ser socio, directivo o empleado. “Tengo cuatro hijos: uno es director, otro de marketing y otro empaca paquetes, pero todos tienen que ganar un millón de pesos al mes porque son mis hijos”, ejemplifica el CEO. Revolver salarios con acciones genera una “bomba de tiempo” para la empresa.
- Resistencia al cambio y falta de adaptación: Pensar que los negocios son eternos es un error fatal. Harari señala que muchas empresas familiares mueren porque el abuelo o el padre no entienden que el mercado ha cambiado. “Los que no cambiaron se murieron”, sentencia. En este sentido, grandes industrias han tenido que evolucionar sus productos para sobrevivir a las nuevas tendencias de consumo.
La ruta hacia la profesionalización
Para Axxets, que actualmente gestiona alrededor de u$s3.5 mil millones de dólares, la solución no es que la familia abandone el negocio, sino que lo profesionalice. Harari enfatiza que un testamento no es suficiente, pues “es la forma de acabar algo, no de resolver algo”.
“La empresa familiar simplemente tiene dos caminos: uno, o se queda familiar y muere en algún punto... o se hace profesional. No es excluyente que una empresa pueda seguir siendo de una familia, pero debe hacerse profesional”.
Harari aboga por la implementación de protocolos familiares y empresariales que sirvan como guía antes de que ocurra un conflicto insalvable para la empresa. “Cuando uno diseña el futuro y no lo improvisa, las cosas pueden salir mucho mejor”, concluye.





