

En plena antesala de la revisión de 2026, Donald Trump aseguró que el T-MEC “no tiene ventaja real” y es “irrelevante” para Estados Unidos, mientras el CEO de Ford, Jim Farley, remarcó que el acuerdo comercial entre México, EEUU y Canadá es “crítico” para la industria automotriz y para mantener integrada la cadena de Norteamérica, de la que dependen miles de empleos y las apuestas de nearshoring.
Farley afirmó que un acuerdo de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá es fundamental para la automotriz y para una cadena de manufactura que ve a los tres países como “un sistema integrado”.
Horas antes, Trump descalificó al T-MEC como “irrelevante” y sugirió que a Washington “no le importa” si el pacto expira en la revisión de 2026, pese a que las grandes armadoras advierten que el acuerdo es clave para el empleo, la inversión y el nearshoring en la región.
En México, este miércoles (14 de enero), la presidenta Claudia Sheinbaum se refirió a las palabras de Trump al respecto y dijo que el T-MEC ha sido tan positivo para las economías tripartitas que quienes más lo defienden son los empresarios de estas naciones.
Proceso de validación
Formalmente, la revisión del T-MEC arranca en julio de 2026, pero el proceso técnico ya empezó y se extiende potencialmente hasta 2036. El calendario combina consultas internas en cada país, una revisión conjunta en la Comisión de Libre Comercio y, según el resultado, revisiones anuales o una extensión de largo plazo.
Michigan, “ground zero” para el futuro del T-MEC
Al descalificar al T-MEC, Trump inició una labor de presión en la meca del sector automotriz estadounidense, clavando además una daga al remarcar que el acuerdo beneficia sobre todo a Canadá.
En el estado madre de las 3 grandes (Ford, GM y Chrysler-Stellantis), Trump busca compromisos para relocalizar producción en territorio estadounidense.
Las grandes armadoras de Detroit dependen de cadenas de suministro que cruzan varias veces la frontera: cientos de miles de vehículos y componentes se producen cada año de forma distribuida entre los tres países, aprovechando reglas de origen comunes y arancel cero.
Datos duros: autos, empleos y contenido regional
El T-MEC, que el mismo Trump firmó en 2018, elevó el requisito de contenido regional automotriz de 62.5% bajo el TLCAN a 75% para que los vehículos accedan a trato arancelario preferencial, obligando a relocalizar producción y compra de autopartes dentro de Norteamérica.
En este sentido, el Wilson Center describe que el T-MEC evitó un “desastre potencial” para la industria, al frenar la ruptura del marco de libre comercio continental que habría golpeado a uno de los motores industriales más dinámicos desde 1994.
Por su parte, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) plantea que la revisión de 2026 es una prueba clave para crear una “fortaleza” en el bloque comercial, un espacio integrado que blinde empleos, liderazgo tecnológico y dominio energético frente a un entorno geopolítico fragmentado.
El propio Departamento de Comercio de EEUU estima que estas reglas están diseñadas para incentivar nuevas inversiones, más compras de partes en la región y más empleos bien pagados en el sector automotor, además de anclar proyectos de vehículos eléctricos y autónomos en la región.
La carga automotriz en México
El sector automotriz mexicano representa “casi 4%” del PIB nacional y 20.5% del PIB manufacturero, según datos de la AMIA e Inegi. Además, según el Inegi la industria genera casi 1 millón de empleos directos, equivalentes a alrededor de 23% del empleo manufacturero del país.
Sumando empleos indirectos (proveedores, logística, servicios), el ecosistema automotriz alcanza del orden de 2 millones de puestos de trabajo, entre directos e indirectos.







