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Las caídas en las aplicaciones bancarias en México llegaron a costar múltiplos de millones de dólares por hora, afirmó Walter Rosenkranz, director general de Movizzon México.

El ejecutivo de esta fintech chilena que utiliza inteligencia artificial y robots para medir en tiempo real la experiencia del usuario, aclaró que, aunque no dio una cifra exacta para el país, calcula que el impacto podría ascender a varios millones de dólares por cada hora de interrupción.

En entrevista con El Cronista, el directivo explicó que en los últimos cinco años la banca digital dejó de ser un canal complementario y se convirtió en el principal punto de contacto entre las instituciones financieras y sus clientes.

“Hoy día es el camino principal. Ya no es uno de los canales, es el canal”, señaló.

La banca digital dejó de ser complemento

Rosenkranz indicó que México se convirtió en terreno fértil para neobancos nacionales y extranjeros debido a la adopción masiva del teléfono móvil como herramienta financiera.

Incluso, apuntó que algunos bancos tradicionales cerraron sucursales físicas no por problemas financieros, sino porque la digitalización mostró mayor eficiencia operativa.

Advirtió que la competencia ya no se centró únicamente en funcionalidades o tasas, sino en disponibilidad y experiencia.

“Las aplicaciones de los bancos no se comparan con otras aplicaciones bancarias, se comparan contra Instagram o Facebook”, sostuvo. El usuario, agregó, espera conexión inmediata, transferencias sin fricciones y soporte oportuno.

El impacto económico y reputacional

Respecto a las fallas recurrentes en días de alta demanda, como las quincenas, explicó que el impacto económico puede escalar rápidamente.

Aunque no ofreció un dato puntual para México, refirió que en Europa se han estimado pérdidas cercanas a 1.2 millones de euros por hora ante interrupciones tecnológicas y consideró que, por el tamaño del mercado mexicano y su volumen de usuarios, el impacto podría ser incluso mayor.

“Si el banco se encuentra cerrado digitalmente, es como si cerrara todas sus sucursales físicas al mismo tiempo”, ejemplificó.

Millones de personas dependen de las plataformas para recibir su salario, pagar créditos o realizar transferencias, por lo que una caída en momentos críticos generó reclamos inmediatos y presión operativa.

Ante ello, consideró que las instituciones deben diseñar estrategias específicas para días pico, realizar pruebas de estrés previas a las quincenas y adoptar esquemas de comunicación más claros y proactivos.

“Lo básico tiene que estar garantizado en días sagrados como la quincena”, afirmó. También recomendó mayor transparencia cuando ocurren fallas, a fin de preservar la confianza.

Reglas claras frente a fintechs

Sobre la discusión de un “piso parejo” entre banca tradicional y fintechs, señaló que más que hablar de desigualdad regulatoria, lo necesario son reglas claras cuando los productos ofrecidos son similares.

“Si ambos ofrecen pagos, transferencias o crédito, las garantías deberían ser equivalentes”, apuntó. A su juicio, el usuario no distingue entre tipos de licencia, sino que espera el mismo nivel de seguridad y respaldo en cualquier institución financiera.

Lavado de dinero y confianza sistémica

En materia de prevención de lavado de dinero, sostuvo que el desafío central no es únicamente regulatorio, sino de confianza sistémica.

Explicó que las instituciones enfrentan un equilibrio complejo entre reforzar controles y evitar fricciones excesivas que desincentiven la adopción digital.

“La mejor banca es aquella que se siente fácil y segura”, concluyó, al advertir que cualquier caso que vulnere la confianza no solo afecta a una institución, sino que impacta a toda la industria.