

La expansión de la inteligencia artificial (IA) y la automatización no implicará la desaparición masiva de empleos, sino una reconfiguración en la forma en que se aplican las habilidades humanas en el mercado laboral, impulsada por factores demográficos y cambios estructurales en la economía global, coinciden analistas.
De acuerdo con el estudio Agents, Robots, and Us: Skill Partnerships in the Age of AI, elaborado por el McKinsey Global Institute, el futuro del trabajo estará dominado por modelos híbridos, en los que personas, agentes de IA y robots colaborarán de manera complementaria, más que competitiva.
El análisis revela que más del 70% de las habilidades que hoy demandan los empleadores se utilizan tanto en ocupaciones automatizables como en aquellas que requieren intervención humana directa. Esto sugiere que la mayoría de las competencias no desaparecerán, sino que se reconfigurarán y aplicarán de nuevas formas conforme avanza la adopción tecnológica.
McKinsey señala que las tareas rutinarias o de procesamiento de información tenderán a ser asumidas por sistemas de IA, mientras que los trabajadores humanos se concentrarán en actividades de supervisión, interpretación de resultados y toma de decisiones estratégicas, áreas donde el juicio, la experiencia y el contexto siguen siendo determinantes.
De la IA digital a la IA física
El avance tecnológico ya no se limita al software. Para Barclays, la evolución de la IA ha ingresado en su fase física con el desarrollo de robots humanoides, capaces de asumir trabajos duros y repetitivos que los humanos evitan cada vez más en sectores como la manufactura, la agricultura y la atención sanitaria.
Lejos de sustituir a la fuerza laboral, estos sistemas están diseñados para trabajar junto a las personas y ampliar la capacidad productiva, en un contexto marcado por la escasez estructural de mano de obra.
Tres fuerzas demográficas que impulsan el cambio
El área de análisis de Barclays identifica tres factores clave que están acelerando la adopción de estas tecnologías: el envejecimiento de la población, la rápida urbanización y el cambio en las preferencias laborales.
Según proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para 2070 la población mundial de 65 años o más alcanzará los 2,200 millones de personas, superando en número a los menores de 18 años, como resultado de una menor tasa de natalidad.
A esto se suma que, para 2050, cerca del 70% de la población mundial vivirá en zonas urbanas. En economías desarrolladas, esta proporción podría superar el 80%, alcanzando el 84% en Europa, 89% en Estados Unidos, 90% en Reino Unido y 95% en Japón.
Este desplazamiento hacia las ciudades ha generado un desajuste estructural: sectores clave como la manufactura, la agricultura y el cuidado de personas mayores siguen localizándose en zonas rurales, mientras que la mano de obra y los recursos se concentran en áreas urbanas, profundizando la escasez de trabajadores.
El tercer elemento es el cambio en las preferencias laborales. Las nuevas generaciones que ingresan al mercado ya no están dispuestas a ocupar empleos repetitivos, físicamente exigentes o peligrosos, independientemente del nivel salarial.
“En conjunto, estos tres cambios demográficos están redefiniendo la dinámica entre oferta y demanda de trabajo, amplificando el riesgo de escasez de mano de obra, especialmente en la agricultura, la salud y el cuidado de adultos mayores, así como en la manufactura y la logística”, advierten los analistas.
Aun sin efectos en datos laborales
Aunque parte del debate público ha vinculado la desaceleración del mercado laboral —en particular en Estados Unidos— con la adopción de la IA, los datos aún no respaldan esa hipótesis.
Gerónimo Ugarte, economista en jefe de VALMEX, explicó que el enfriamiento en el mercado estadounidense responde principalmente al ciclo económico y a la cautela empresarial, más que a la sustitución tecnológica.
“Si vemos las cifras previas al cierre del gobierno de Estados Unidos, de los despidos reportados en 2025 solo 6.2% estuvieron asociados directa o indirectamente a la IA, una proporción demasiado baja para concluir que sea el motor principal”, señaló.
McKinsey estima que las tecnologías actuales podrían automatizar, en teoría, cerca del 57% de las horas trabajadas. Sin embargo, solo 17% de las habilidades analizadas se asocian principalmente a tareas realizadas por agentes o robots, frente a un 72% que se utiliza de manera compartida entre humanos y sistemas automatizados.
Para Ugarte, el mercado laboral es dinámico y tenderá a ajustarse: “El objetivo no es reemplazar a la fuerza laboral, sino que las personas aprendan a utilizar la IA como una herramienta productiva”.
La apuesta bursátil sigue intacta
Mientras el debate laboral continúa, la inversión no se detiene. Analistas de Actinver estiman que los planes de expansión en infraestructura de centros de datos podrían intensificarse este año, con un crecimiento de 412,000 millones de dólares a 543,000 millones hacia el cierre de 2025.
En este contexto, Actinver mantiene en el radar a empresas vinculadas al ecosistema de la IA y su infraestructura, como Eaton, Vistra y Constellation Energy; compañías de redes y conectividad como Arista Networks, American Tower y Palo Alto Networks; firmas de centros de datos como Digital Realty; y fabricantes de servidores, chips y hardware avanzado como Dell y Nvidia, con perspectivas relevantes hacia 2026.



