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La noticia sobre el cierre temporal de La Perla de La Paz generó una reacción inmediata de tristeza y nostalgia entre la comunidad paceña. No es solo una tienda la que baja la cortina por un tiempo, sino un espacio profundamente arraigado a la historia y a la vida cotidiana de Baja California Sur.
Para muchos habitantes de La Paz, fue un punto de referencia inevitable: un lugar donde se resolvía lo cotidiano, donde se cruzaban saludos conocidos y donde las compras se transformaban en encuentros.
Por eso, el anuncio de su cierre provisional se vive con preocupación y expectativa, más que como una decisión comercial común, ante la esperanza de que regrese renovada sin perder su esencia.
Un receso que marca una pausa en uno de los capítulos comerciales más importantes de la ciudad
Fundada en 1860 por Antonio J. Ruffo Santa Cruz, la tienda inició su historia bajo el nombre Don Antonio Ruffo, evolucionó posteriormente a Ruffo Hermanos y finalmente se consolidó como La Perla, nombre con el que quedó grabada en la memoria colectiva. A lo largo de más de siglo y medio, el comercio logró adaptarse a distintos contextos económicos y sociales, manteniéndose vigente en un entorno en constante transformación.
Desde su ubicación en el Centro Histórico, La Perla formó parte del pulso diario de la ciudad. Superó crisis económicas, cambios en los hábitos de consumo y la llegada de nuevas formas de comercio. Por ello, su cierre temporal representa una pausa significativa en la vida comercial del primer cuadro de la capital, aunque también abre la expectativa de una nueva etapa.
Un lugar presente en la vida de abuelos, padres e hijos
Pocas tiendas pueden presumir de haber acompañado a tantas generaciones como La Perla de La Paz. Para innumerables familias sudcalifornianas, visitar el establecimiento fue parte de una tradición que se repetía año tras año. Abuelos que llevaron a sus hijos y, más tarde, a sus nietos, construyeron recuerdos ligados a sus pasillos y mostradores.
La amplitud de su oferta fue clave para su permanencia en el tiempo. En un solo espacio se podían encontrar abarrotes, ferretería, ropa, calzado y panadería, lo que convirtió a La Perla en un comercio integral y cercano.
En su mensaje, la administración agradeció la lealtad de sus clientes y el trabajo de sus colaboradores, y aseguró que este cierre no es definitivo, sino parte de un proceso de renovación, prometiendo regresar con cambios pensados para seguir siendo parte de la historia y de la vida cotidiana de La Paz.
Descuentos de despedida: las últimas ofertas antes de bajar la cortina definitivamente
Como parte del cierre de operaciones, La Perla de La Paz inició una liquidación total de su inventario a partir del 1 de febrero, con descuentos que alcanzan el 60%, 70% y más en toda la mercancía de todas las marcas, según informó la propia empresa en un comunicado dirigido a su clientela y al público en general.




