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Cuando pensamos en las armas más letales, nuestra mente suele volar hacia misiles hipersónicos, arsenales nucleares o sistemas láser de última generación. Sin embargo, hay un tipo de armamento que está cambiando los conflictos modernos de manera silenciosa pero contundente, y fue imaginado por un visionario mucho antes de que la tecnología lo hiciera posible.

Nikola Tesla, el brillante inventor serbio-estadounidense, no solo revolucionó la forma en que entendemos la electricidad. A finales del siglo XIX, mientras el mundo apenas comenzaba a experimentar con las comunicaciones inalámbricas, ya estaba dibujando el futuro de la guerra: máquinas autónomas controladas a distancia que eliminarían la necesidad de enviar soldados al frente. Su objetivo no era hacer la guerra más eficiente, sino tan devastadora que las naciones pensaran dos veces antes de iniciarla.

Más de un siglo después, los drones militares dominan los cielos de los conflictos contemporáneos, cumpliendo exactamente la visión que anticipó. Pero como sucede con toda gran innovación, su legado plantea una pregunta inquietante: ¿estamos construyendo un mundo más seguro o simplemente cambiando las reglas de la destrucción?

Más de un siglo antes de los drones militares, Nikola Tesla ya imaginaba armas controladas a distancia para evitar costos humanos en la guerra. Fuente: Wikimedia.
Más de un siglo antes de los drones militares, Nikola Tesla ya imaginaba armas controladas a distancia para evitar costos humanos en la guerra. Fuente: Wikimedia.

El bote que cambió la historia: cuando Tesla demostró que la guerra nunca volvería a ser igual

En 1898, bajo las luces de la Exposición Eléctrica Internacional de Nueva York, Nikola Tesla dejó al público boquiabierto. Ante cientos de espectadores incrédulos, presentó un pequeño bote que navegaba por el agua sin tripulación alguna, obedeciendo únicamente las señales de radio que él mismo transmitía desde la distancia. Para la época, aquello parecía pura brujería.

Lo que muchos vieron como un simple truco tecnológico, él lo concebía como el prototipo de una revolución militar. Ese mismo año patentó su “aparato para controlar vehículos en movimiento”, un sistema capaz de recibir y ejecutar órdenes mediante impulsos eléctricos transmitidos a través del aire, el agua o incluso la tierra. No estaba pensando en juguetes: estaba diseñando el futuro de la guerra moderna.

La visión de Tesla iba más allá de la innovación técnica. Creía firmemente que, si las naciones podían desplegar máquinas devastadoras sin arriesgar vidas propias, el costo humano y económico de la guerra se volvería tan abrumador que los gobiernos preferirían evitar los conflictos. Era una apuesta audaz: usar la tecnología no para ganar guerras, sino para prevenirlas mediante el terror que inspirarían estas armas remotas.

De la ciencia ficción al campo de batalla: cómo los drones cumplieron la profecía

Lo que Tesla imaginó en papel y demostró con un pequeño bote se materializó en los drones militares que hoy sobrevuelan zonas de conflicto en todo el planeta. Estos dispositivos no tripulados ejecutan misiones de vigilancia, ataques quirúrgicos y operaciones estratégicas sin poner en riesgo la vida de un solo piloto. La tecnología evolucionó, pero el concepto sigue siendo exactamente el mismo que Tesla propuso hace más de 120 años.

Los drones modernos representan la culminación de aquella visión: máquinas letales controladas a kilómetros de distancia, capaces de localizar objetivos con precisión milimétrica y ejecutar ataques sin que el operador pise jamás el campo de batalla. Desde los conflictos en Medio Oriente hasta las tensiones geopolíticas actuales, estos dispositivos se convirtieron en piezas clave del arsenal militar contemporáneo.

Sin embargo, la realidad torció parcialmente la predicción optimista. Si bien los drones reducen las bajas en el bando que los opera, también democratizaron el acceso a la fuerza letal, permitiendo que conflictos se prolonguen con menor costo político interno. La guerra ya no requiere enviar soldados, lo que paradójicamente puede hacerla más frecuente en lugar de más rara.

El experimento de control remoto de Nikola Tesla abrió la puerta a la tecnología detrás de los drones militares actuales. Fuente: archivo.
El experimento de control remoto de Nikola Tesla abrió la puerta a la tecnología detrás de los drones militares actuales. Fuente: archivo.

El dilema que Nikola Tesla no pudo resolver: ¿armas de paz o herramientas de guerra perpetua?

La gran ironía del legado de Nikola Tesla es que su invento, diseñado para disuadir conflictos, se convirtió en uno de los pilares de la guerra moderna. Los drones transformaron la naturaleza del combate, difuminando las líneas entre defensa y agresión, entre soldado y operador, entre campo de batalla y sala de control remoto.

El debate ético que rodea a estas tecnologías sigue siendo tan vigente como urgente. Por un lado, salvan vidas manteniendo a los soldados fuera de peligro directo. Por otro, facilitan ataques que de otra manera serían impensables, reduciendo el umbral psicológico para el uso de la fuerza. Un operador puede lanzar un misil desde miles de kilómetros de distancia y volver a casa para cenar con su familia, una desconexión que plantea serias preguntas sobre responsabilidad y humanidad en el conflicto.

Nikola Tesla creía que sus máquinas harían la guerra tan terrible que nadie se atrevería a librarla. Pero la historia demostró que la humanidad tiene una capacidad casi infinita para adaptarse a nuevos niveles de destrucción. Los drones no terminaron con las guerras; simplemente cambiaron quién las pelea, cómo se libran y quién paga el precio. La visión se cumplió, pero no como él esperaba: creó el arma del futuro, pero no la paz que soñaba alcanzar con ella.